Por/By Mel Gurtov
Mientras las crisis mundiales se ciernen sobre él, Donald Trump parece cada vez más incapaz de ofrecer una respuesta racional. Arremete con furia, lanza amenazas y se entrega a delirios, para luego refugiarse en alguno de sus proyectos de vanidad. No estamos ante un presidente que controle sus actos o su cargo. Y esto tiene un precio elevado. He aquí los ejemplos más recientes.
¿Un «Día D» económico?
Visiblemente frustrado e irritado por la encrucijada en la que se encuentra respecto a la guerra con Irán, Trump ha oscilado últimamente entre afirmar que el estrecho de Ormuz será «territorio estadounidense» y amenazar con «bombardear hasta la mierda» al pobre y pequeño Omán, nominalmente un aliado de Estados Unidos. Luego, declaró un «Día D económico» contra Irán en la siguiente publicación en sus redes sociales el 19 de agosto:
«Nadie ha dado a la República Islámica de Irán una oportunidad mayor que yo para llegar a un acuerdo. TRÁGICAMENTE para ellos, no han sabido aprovecharla. Por ello, hoy anuncio la OPERACIÓN ECONÓMICA MÁS DEVASTADORA JAMÁS EMPRENDIDA CONTRA PAÍS ALGUNO. Se tratará de una guerra económica y un aislamiento a una escala sin precedentes. Su armada ha desaparecido, su fuerza aérea está destruida, sus fábricas militares son ahora escombros, su moneda no vale nada y su país pende de un hilo».
Lo igualmente preocupante de esta amenaza es que Trump la hizo extensiva a los países aliados que mantengan cualquier tipo de relación comercial con Irán. La publicación decía:
«Hoy anuncio también que CUALQUIER país que permita a sus instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales proporcionar cualquier tipo de salvavidas a Irán se enfrentará a ENORMES consecuencias económicas. El contrabando de petróleo, las líneas de canje de divisas, las transferencias de efectivo, las casas de cambio, los registros de buques, las empresas pantalla… Todo eso debe cesar YA. Saben quiénes son. Este será un DÍA D ECONÓMICO, y necesitamos que todos nuestros aliados se mantengan junto a los Estados Unidos de América para aislar y derrotar la amenaza que representa Irán».
No existe precedente alguno en los archivos de los presidentes estadounidenses de una amenaza tan descabellada y contraproducente. No he contabilizado cuántos países caen en la amplísima red tendida por Trump, pero probablemente sean bastantes. China es el primero que viene a la mente; No va a dejar de hacer negocios con Irán, especialmente en lo que respecta a la importación de su petróleo, aunque ello suponga posponer la próxima visita de Xi Jinping a Washington.
Socavando alianzas
Trump también parece haber descartado a aliados clave en el Pacífico. Corea del Sur es el último objetivo. No solo ha impuesto aranceles elevados a los coreanos, sino que ha retomado su acercamiento a Kim Jong-un y ha restado importancia a los próximos ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea sin consultar previamente a Seúl. Además, ofreció el motivo más absurdo para tal decisión: ¡Corea del Sur rechazó la invitación de Trump para unirse a la desnuclearización no de Corea del Norte, sino de Irán! Resulta difícil determinar si se trata de pura estupidez o de una desconexión total con la realidad. Por otra parte, Trump nunca ha mostrado gran respeto ni ha valorado especialmente las alianzas de seguridad.
Cabe imaginar cómo perciben tanto amigos como enemigos las salidas de tono y el comportamiento errático de Trump. Los europeos ya han decidido seguir su propio camino, empezando por el apoyo de la OTAN a Ucrania. Canadá ha rechazado las propuestas comerciales de Trump y ha prometido tomar represalias imponiendo sus propios aranceles elevados. Los japoneses, al igual que los coreanos, han tenido que lidiar con los aranceles de Trump y con la presión para invertir miles de millones de dólares en Estados Unidos a fin de compensarlos. Sin embargo, sospecho que tales promesas nunca se cumplirán; simplemente esperarán a la próxima administración (demócrata) y a un nuevo acuerdo más justo.
Pero eso es lo de menos. Los aliados de Estados Unidos evitarán a Trump a toda costa, tratando de eludir su ira sin intentar ya aplacarlo como antes solían hacer. Tendrán que analizar detenidamente las garantías de seguridad estadounidenses, que ya no son tan sólidas como antaño. ¿Podrán Japón, Corea del Sur y Taiwán seguir contando con Estados Unidos si China adopta una postura más agresiva en el estrecho de Taiwán? ¿Podrán los europeos confiar en que Estados Unidos respalde el sistema de seguridad colectiva de la OTAN si Rusia incursiona en Polonia o en cualquier otro Estado miembro? ¿Y por cuánto tiempo más seguirán Arabia Saudí y los Emiratos mirando a Estados Unidos con confianza si la guerra con Irán vuelve a derivar en intercambios de fuego?
Amenazas contraproducentes
Más allá de todas estas consideraciones, existe una crítica aún más contundente: ¡las amenazas no funcionan! Irán, por ejemplo, respondió a la airada reacción de Trump sobre el Día D prometiendo represalias «aplastantes, ejemplares y devastadoras». El primer ministro de Canadá, Mark Carney, envió un mensaje firme y nacionalista a Estados Unidos, señalando que «los canadienses han afrontado este momento con determinación…: pasando sus vacaciones en parques nacionales, comprando productos canadienses, eligiendo lo canadiense. Pequeños actos de solidaridad, repetidos millones de veces, que dejan claro un mensaje: somos dueños de nuestro propio destino». Y si Trump pensaba que sus elogios a Kim Jong-un presionarían a Corea del Sur, se equivocaba. Corea del Norte no se mostró precisamente entusiasmada ante la posibilidad de otra cumbre entre Kim y Trump, lo que demuestra que Trump, una vez más, cedió algo —las maniobras militares conjuntas— a cambio de nada.
Estas cuestiones ponen de relieve por qué el aluvión diario de amenazas y declaraciones de Trump tiene una importancia real para la seguridad nacional. Tenemos un presidente —y un secretario de Defensa, dicho sea de paso— en quien simplemente no se puede confiar para decir o hacer lo correcto, y que no comprende que la diplomacia suele funcionar mucho mejor que las amenazas vacías. Están socavando la seguridad, y los rivales de Estados Unidos no tienen que hacer nada para sacar provecho de ello; pueden limitarse a esperar mientras Trump profundiza los hoyos que él mismo ha cavado.
Mel Gurtov, columnista distribuido por PeaceVoice, es profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Portland.
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Trump’s Threats and Alliance Realities
As global crises descend around him, Donald Trump seems increasingly incapable of a rational response. He rants and rails, threatens and indulges in delusions—and then retreats to one or the other of his vanity projects. This is not a president in control of himself or his position. And it’s costly. Here are the latest examples.
Economic D-Day?
Clearly frustrated and angry over the box he is in on the Iran war, Trump has lately moved between claiming that the Strait of Hormuz will be a “US territory” and threatening to “bomb the shit” out of poor little Oman, nominally a US ally. Then he declared “Economic D-day” with Iran in the following post on his social media August 19:
“No one has given the Islamic Republic of Iran a greater opportunity to make a Deal than me. TRAGICALLY, for them, they have failed to take it. Therefore, today, I am announcing the MOST CRUSHING ECONOMIC OPERATION EVER TAKEN AGAINST ANY COUNTRY! This will be Economic Warfare and Isolation on an unprecedented scale. Their navy is gone, their air force is destroyed, their military factories are now rubble, their currency is worthless, and their country is hanging by a thread.”
Equally worrisome about this threat is that Trump extended it to allied countries that do any sort of business with Iran. The post said:
“Today, I am also announcing that ANY country that allows its financial institutions, businesses, airports, or government entities to provide any type of lifeline to Iran will itself face TREMENDOUS Economic Consequences. Oil smuggling, swap lines, cash transfers, exchange houses, ship registries, front companies — It all needs to stop NOW. You know who you are. This will be an ECONOMIC D-DAY, and we need all of our Allies to stand with the United States of America to isolate, and defeat, the Iran threat.”
You cannot find such an outlandish, self-defeating threat anywhere in the files of US presidents. I haven’t counted the number of countries that fall into Trump’s very wide net, but it probably is quite a few. China comes first to mind; it’s not going to stop doing business with Iran, especially importing its oil, even if that means postponement of Xi Jinping’s forthcoming visit to Washington.
Undermining Alliances
Trump has also seemed to write off key allies in the Pacific. South Korea is the latest target. Not only has Trump leveled high tariffs on the Koreans; he has renewed a coziness with Kim Jong Un and degraded upcoming US-Korea joint military exercises without any prior consultation with South Korea. And he gave the most specious reason for that move: South Korea rejected Trump’s invitation to join in denuclearizing—not North Korea–but Iran! It’s hard to know if it is just stupidity here or being divorced from reality. Then again, Trump has never shown much respect for or assigned much value to security alliances.
Imagine how friends and foes alike treat Trump’s outbursts and erratic behavior. The Europeans have already decided they need to go their own way, starting with NATO’s support of Ukraine. Canada has rejected Trump’s trade proposals and promised to retaliate with high tariffs of its own. The Japanese, like the Koreans, have had to deal with Trumpian tariffs and pressure to invest billions of dollars in the US to offset them. But I suspect those promises will never be fulfilled; they’ll just wait for the next (Democratic) administration and a new, fair-minded deal.
But that’s the least of it. US allies are going to avoid Trump like the plague, trying their best to avoid his wrath but no longer placating him as they had been inclined to do. They will have to take a hard look at US security guarantees, which no longer are rock-solid. Can Japan, South Korea, and Taiwan still count on the US should China become more aggressive in the Taiwan Strait? Can the Europeans count on the US to support NATO’s collective security arrangement should Russia intrude into Poland or another member state? And for how much longer will the Saudis and the Emirates look to the US with assurance if the war with Iran returns to exchanges of fire?
Threats that Backfire
Beyond all these considerations lies an even more pointed criticism: The threats don’t work! Iran, for example, responded to Trump’s D-Day outburst by vowing “crushing, punishing and devastating” retaliation. Canada’s Prime Minister Mark Carney sent a strong, nationalistic message to the US, noting that “Canadians have met this moment with resolve . . .: vacationing in national parks, buying Canadian products, choosing Canadians. Small acts of solidarity, repeated millions of times that make a statement: We’re masters of our destiny.” And if Trump thought his accolades to Kim Jong Un would pressure South Korea, guess again. North Korea didn’t exactly jump at the chance for another Kim-Trump summit, showing that Trump once again gave up something—the joint military exercises—for nothing.
These questions point to why Trump’s daily barrage of threats and claims has real significance for national security. We have a president, and a secretary of defense for that matter, who simply cannot be trusted to say or do the right thing, and who can’t understand that diplomacy usually works much better than idle threats. They are undermining security, and US rivals don’t have to do anything to take advantage. They can just sit and wait as Trump deepens the holes he has dug.
Mel Gurtov, syndicated by PeaceVoice, is Professor Emeritus of Political Science at Portland State University.
