Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
La migrante ecuatoriana Chantal Morales Rojas sintió que la vida le había brindado una nueva oportunidad al conseguir un empleo legítimo como niñera para una familia estadounidense.
Cuando trató de abordar un avión en Denver, Colorado, con destino a Oakland, California, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la rodearon y la aprehendieron bajo el argumento de que había excedido el tiempo permitido por su visa de trabajo.
El terror que experimentó Morales Rojas lo viven muchos migrantes latinos que buscan movilizarse de un estado a otro desde algún aeropuerto del país.
Este sentimiento de incertidumbre no surgió de la noche a la mañana. Tiene antecedentes que se remontan a una ciudad del sur de California: Costa Mesa, considerada como la ciudad de las artes o como un símbolo de la intolerancia.
A comienzos de la década del 2000, Costa Mesa se convirtió en un escenario de hostilidad para la comunidad latina. Un grupo de extrema derecha logró organizarse desde sus bases, movilizarse políticamente y, al cabo de algunos años, llevar a uno de sus representantes al máximo cargo del gobierno municipal.
Desde el gobierno municipal, el alcalde Allan Mansoor y una mayoría del concejo impulsaron diversas ordenanzas con el propósito de expulsar, de manera indirecta, a la comunidad latina de Costa Mesa. En un momento determinado, incluso se prohibió la práctica del fútbol en los parques públicos de la ciudad y se intentó suscribir un convenio con las autoridades federales de inmigración para que la policía local pudiera detener y aprehender a residentes por asuntos migratorios.
Ese movimiento de grupos extremistas estimuló y fortaleció iniciativas antiinmigrantes en algunos estados del país, como California, Arizona y Pensilvania.
Ese ambiente de intolerancia no se limitó a los estados; con el paso del tiempo, se expandió por gran parte del país, hasta que los sectores de la extrema derecha lograron llevar a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.
Como ocurrió durante su primer mandato y, con mayor intensidad, durante el segundo, las políticas dirigidas contra los inmigrantes latinos se han aplicado de manera abierta y agresiva. En esta nueva etapa, los mecanismos institucionales de control han demostrado ser insuficientes para contener los excesos derivados de esas políticas migratorias.
En ese contexto, personas como Chantal Morales Rojas —y, en muchos casos, cualquier persona de ascendencia latinoamericana— viven bajo un permanente estado de terror. Lo más preocupante es que ese clima de miedo difícilmente desaparecerá con el fin de la administración Trump. El discurso y las estructuras políticas que lo alimentan han echado raíces que podrían perdurar mucho más allá de un solo gobierno.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
