Por/By Kathy Kelly
La tarea más urgente, poner fin al genocidio, exige una cobertura veraz de los crímenes de guerra cometidos por Israel.
El sábado 8 de noviembre de 2025, Dan Perry escribió en The Jerusalem Post sobre el previsto levantamiento del bloqueo mediático israelí a Gaza. Perry lamenta que la censura israelí haya dejado toda la información sobre la atrocidad en manos de los palestinos, quienes se niegan a guardar silencio. Hasta la fecha, Israel ha asesinado a más de 240 periodistas palestinos.
Perry escribe: «La semana pasada, el Tribunal Supremo dictaminó que el gobierno debe considerar permitir el acceso de periodistas extranjeros a Gaza, pero también concedió una prórroga de un mes debido a la situación aún incierta en la Franja». Afirma que Israel no tenía ni tiene ningún motivo para excluir a los periodistas extranjeros, salvo la preocupación por su propia protección. Hace dos llamamientos: primero, la exigencia hipócrita de que Israel utilice la tregua de un mes para encubrir las atrocidades cometidas: «Pronto, periodistas y fotógrafos entrarán en Gaza… Encontrarán escenas terribles. De ahí la urgencia de la tarea de Israel: documentar retrospectivamente, preparar finalmente explicaciones, demostrar… que Hamás operaba desde hospitales, escuelas y campos de refugiados». En otras palabras, enterrar la verdad con los cadáveres.
Segundo, dado que en este conflicto Israel no hizo absolutamente nada que pudiera desear ocultar, debería aprender a no imponer bloqueos mediáticos absolutos que tan fácilmente despertarían sospechas.
Percibo un invierno crudo y despiadado en el alma de quienes comparten la perspectiva de Dan Perry.
Ahora, un invierno crudo y despiadado se avecina en Gaza. ¿A qué se enfrentan los palestinos de Gaza con el descenso de las temperaturas y la llegada de las tormentas invernales? La agencia de noticias turca Anadolu Ajansi informa: «Los palestinos de la Franja de Gaza siguen sufriendo hambre bajo una nueva política de hambruna impulsada por Israel, que solo permite la entrada al enclave de productos no esenciales, bloqueando el acceso a alimentos y suministros médicos esenciales. …Los estantes repletos de productos de consumo no esenciales ocultan una asfixiante crisis humanitaria deliberadamente provocada por Israel para someter a los palestinos al hambre».
«No he encontrado huevos, pollo ni queso desde que comenzaron a llegar los suministros de alimentos a la Franja de Gaza», declaró a Anadolu Aya Abu Qamar, madre de tres hijos de la ciudad de Gaza. «Solo veo chocolate, snacks y café instantáneo. Estas no son nuestras necesidades diarias», añadió. «Buscamos algo para que nuestros hijos sobrevivan».
El 5 de noviembre de 2025, el Consejo Noruego para los Refugiados alertó sobre las restricciones israelíes que, cruelmente, impiden el acceso a los suministros de invierno. La directora del NRC para la región, Angelita Caredda, insiste: “Tras más de tres semanas de alto el fuego, Gaza debería estar recibiendo un gran volumen de materiales para refugios, pero solo ha llegado una pequeña parte de lo necesario”.
El informe señala: “Millones de artículos para refugios y otros suministros no alimentarios están retenidos en Jordania, Egipto e Israel a la espera de aprobación, lo que deja a unas 260.000 familias palestinas, lo que equivale a casi 1,5 millones de personas, expuestas a condiciones cada vez peores. Desde que el alto el fuego entró en vigor el 10 de octubre, las autoridades israelíes han rechazado veintitrés solicitudes de nueve agencias de ayuda para el envío urgente de suministros para refugios, como tiendas de campaña, kits de sellado y armazón, ropa de cama, utensilios de cocina y mantas, que suman casi 4.000 palés. Las organizaciones humanitarias advierten que el plazo para aumentar la asistencia para el invierno se está agotando rápidamente”.
El informe destaca cómo, a pesar del alto el fuego, Israel ha continuado con su matanza mecanizada y su bloqueo a la ayuda humanitaria. En la revista israelí +972, Muhammad Shehada informa: «Con la llamada “Línea Amarilla”, Israel ha dividido la Franja en dos: Gaza Occidental, que abarca el 42 % del enclave, donde Hamás mantiene el control y donde viven hacinados más de dos millones de personas; y Gaza Oriental, que abarca el 58 % del territorio, totalmente despoblada de civiles y controlada por el ejército israelí y cuatro grupos armados».
Esto último hace referencia a las cuatro milicias respaldadas por las FDI, presentadas por Israel como el reemplazo legítimo de Hamás.
Si se llegara a contabilizar, el número de cadáveres sepultados bajo los edificios arrasados de Gaza podría elevar la cifra de muertos de este genocidio a cientos de miles.
La ONU estima que la cantidad de escombros en Gaza podría construir 13 pirámides de Giza. «La magnitud del desafío es abrumadora», escribe Paul Adams para la BBC: «La ONU estima que el coste de los daños asciende a 53.000 millones de libras (70.000 millones de dólares). Casi 300.000 casas y apartamentos han resultado dañados o destruidos, según el centro satelital de la ONU, Unosat… La Franja de Gaza está sembrada de 60 millones de toneladas de escombros, mezclados con peligrosas bombas sin explotar y cadáveres».
Nadie sabe cuántos cuerpos se pudren bajo los escombros. Estas montañas de escombros se ciernen sobre los israelíes que trabajan, antes del regreso del periodismo internacional, para crear sus contranarrativas, pero también sobre los gazanos supervivientes que, en medio de una miseria implacable, luchan por mantener a sus seres queridos.
Viviendo hacinados en condiciones insalubres, durmiendo sin ropa de cama bajo lonas de plástico rotas y con escaso acceso al agua, miles de personas necesitan urgentemente suministros para acondicionar sus hogares para el invierno y evitar el temor de que sus hijos o ellos mismos mueran de hipotermia. La solución más fácil y evidente a su situación se encuentra tentadoramente cerca: las casas de sus opresores genocidas.
En los países ricos, observadores como Dan Perry pueden temblar por la reputación de Israel, ansiosos por intervenir y ocultar sus crímenes, justificándolos con falsas pretensiones. Estos son, por supuesto, nuestros crímenes también.
Nuestros corazones no podrán escapar del crudo invierno a menos que tomemos, mucho más en serio, el infierno del invierno y la desesperación al que seguimos sometiendo a los palestinos que viven en Gaza.
No hay paz en Gaza. Que no haya paz para nosotros hasta que solucionemos esto.
Kathy Kelly, (kathy.vcnv@gmail.com), sindicalizada por PeaceVoice, es presidenta de la junta directiva de World Beyond War.
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Winter is coming to Gaza
The most urgent task, to end genocide, requires truthful coverage about Israel’s war crimes.
On Saturday, 8 November, 2025, Dan Perry wrote in The Jerusalem Post about Israel’s projected lifting of the media blockade on Gaza. Perry laments that Israeli censorship has left all reporting of the atrocity in the hands of Palestinians, who refuse to be silent. To date, Israel has assassinated over 240 Palestinian journalists.
Perry writes: “The High Court ruled last week that the government must consider allowing foreign journalists into Gaza but also granted a one-month extension due to the still-unclear situation in the Strip.” He asserts that Israel had and has no motive for excluding foreign journalists save concern for their own protection.
He makes two appeals: first, the duplicitous demand that Israel should use the one-month reprieve to cover up the evidence of atrocities: “Soon, journalists and photographers will enter Gaza… They will find terrible sights. Hence, Israel’s urgent task: to document retrospectively, to finally prepare explanations, to show … that Hamas operated from hospitals, schools, and refugee camps.” In other words, bury the truth with the bodies.
Secondly, that since in this conflict Israel did absolutely nothing that it could have wished to hide, it should learn not to impose absolute media blackouts so likely to arouse suspicion.
I sense a cold, hard winter within the souls of people in league with Dan Perry’s perspective.
Now, a cold, hard winter approaches Gaza. What do Palestinians in Gaza face, as temperatures drop and winter storms arrive?
Turkish news agency “Anadolu Ajansi” reports:
“Palestinians in the Gaza Strip continue to endure hunger under a new starvation policy engineered by Israel, which allows only non-essential goods to enter the enclave while blocking essential food and medical supplies. …shelves stacked with non-essential consumer goods disguise a suffocating humanitarian crisis deliberately engineered by Israel to starve Palestinians.”
“I haven’t found eggs, chicken, or cheese since food supplies started entering the Gaza Strip,” Aya Abu Qamar, a mother of three from Gaza City, told Anadolu. “All I see are chocolate, snacks, and instant coffee. These aren’t our daily needs,” she added. “We’re looking for something to keep our children alive.”
On November 5th 2025 the Norwegian Refugee Council sounded this alarm about Israeli restrictions cruelly holding back winter supplies. NRC’s director for the region, Angelita Caredda, insists: “More than three weeks into the ceasefire, Gaza should be receiving a surge of shelter materials, but only a fraction of what is needed has entered.”
The report states:
“Millions of shelter and non-food items are stuck in Jordan, Egypt, and Israel awaiting approvals, leaving around 260,000 Palestinian families, equal to nearly 1.5 million people, exposed to worsening conditions. Since the ceasefire took effect on 10 October, Israeli authorities have rejected twenty-three requests from nine aid agencies to bring in urgently needed shelter supplies such as tents, sealing and framing kits, bedding, kitchen sets, and blankets, amounting to nearly 4,000 pallets. Humanitarian organisations warn that the window to scale up winterisation assistance is closing rapidly.”
The report notes how, despite the ceasefire, Israel has continued its mechanized slaughter and its chokehold on aid.
In Israel’s +972 Magazine, Muhammad Shehada reports:
“With the so-called ‘Yellow Line,’ Israel has divided the Strip in two: West Gaza, encompassing 42 percent of the enclave, where Hamas remains in control and over 2 million people are crammed in; and East Gaza, encompassing 58 percent of the territory, which has been fully depopulated of civilians and is controlled by the Israeli army and four proxy gangs.”
This last, a reference to four IDF-backed militias put forward by Israel as Hamas’ legitimate replacement.
If ever tallied, the number of corpses buried under Gaza’s flattened buildings may raise the death toll of this genocide into six figures.
The UN estimates that the amount of rubble in Gaza could build 13 Giza pyramids.
“The sheer scale of the challenge is staggering,” writes Paul Adams for the BBC:
“The UN estimates the cost of damage at £53bn ($70bn). Almost 300,000 houses and apartments have been damaged or destroyed, according to the UN’s satellite centre Unosat…The Gaza Strip is littered with 60 million tonnes of rubble, mixed in with dangerous unexploded bombs and dead bodies.”
No one knows how many corpses are rotting beneath the rubble. These mountains of rubble loom over Israelis working, in advance of global journalism’s return, to create their counternarratives, but also over surviving Gazans who, amidst unrelenting misery, struggle to provide for their surviving loved ones.
Living in close, unhygienic quarters, sleeping without bedding under torn plastic sheeting, and having scarce access to water, thousands of people are in dire need of supplies to help winterize their living space and spare themselves the dread that their children or they themselves could die of hypothermia. The easiest and most obvious solution to their predicament stands enticingly near: the homes held by their genocidal oppressors.
In affluent countries, observers like Dan Perry may tremble for Israel’s reputation, eager to rush in and conceal Israel’s crimes, clothing them in self-righteous justifications. These are of course our crimes as well.
Our own hearts cannot escape the howling winter unless we take, far more seriously, the hell of winter and despair to which we continue to subject Palestinians living in Gaza.
There is no peace in Gaza. May there be no peace for us until we fix that.
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Kathy Kelly, (kathy.vcnv@gmail.com), syndicated by PeaceVoice, is Board President of World Beyond War.
