Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
De momento, olvidémonos de la inflación, de los problemas de la canasta familiar, de la guerra en Ucrania o en Irán, y de los proyectos políticos de los candidatos que aspiran a ocupar distintos cargos públicos a nivel nacional y local.
Hagamos también a un lado las diferencias sociales y étnicas que han llevado a nuestra sociedad a constantes disputas y han contribuido a generar tensiones dentro de nuestra nación.
Por un momento, dejemos atrás todo eso y disfrutemos de la alegría que nos brinda la Copa Mundial de Fútbol. Son 48 países los que participan en este gran evento deportivo. A ninguno de estos equipos parece importarle la condición económica o social de sus jugadores, ni tampoco el color de su piel. Es más, muchas selecciones, incluidas varias europeas, cuentan con futbolistas de diversos orígenes étnicos y culturales.
Equipos como los de Francia, Colombia o Estados Unidos reflejan la diversidad que caracteriza al mundo contemporáneo. Incluso países que históricamente han procurado preservar una identidad étnica más homogénea hoy cuentan con jugadores de ascendencia latina, africana, árabe o de otras regiones del planeta.
El fútbol demuestra que el talento no tiene fronteras y que la identidad nacional puede enriquecerse con la diversidad.
Las disputas políticas que dominan diariamente los titulares de las noticias parecen desaparecer dentro de una cancha de fútbol. Aunque los conflictos internacionales continúan existiendo, el deporte ofrece un espacio donde las diferencias pueden quedar temporalmente en segundo plano.
Recientemente, por ejemplo, iraníes y neozelandeses protagonizaron un partido memorable en territorio estadounidense, demostrando que la competencia deportiva puede desarrollarse en un ambiente de respeto mutuo.
El estadio estaba colmado de aficionados que acudieron a disfrutar del espectáculo deportivo. Aunque ninguno de los dos equipos figuraba entre los principales favoritos para conquistar el torneo, los jugadores lo entregaron todo en el terreno de juego. Fue un empate digno y emocionante.
Los espectadores, provenientes de distintos lugares y con diversas visiones del mundo, compartieron una misma pasión sin que afloraran las tensiones políticas que con frecuencia dividen a las sociedades. Lo que predominó fue la alegría, la camaradería y el respeto.
El fútbol realmente une. Nos recuerda que, pese a nuestras diferencias, compartimos una misma humanidad. En la cancha no importan las divisiones económicas, sociales o culturales.
Sin duda, el fútbol es un escenario de competencia, pero también una práctica que promueve la caballerosidad, la disciplina y el respeto. Por esta vez, y mientras disfrutamos de los partidos, tratemos de dejar a un lado las diferencias que nos preocupan y nos dividen. El fútbol es alegría, encuentro y unión.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
