Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
Donald Trump, dice ser seguidor de las enseñanzas de Maquiavelo. Sin embargo, su comportamiento, sus alianzas y la forma cómo ha estado desarrollando su campaña política para volver a la Casa Blanca, dista mucho de sus consejos.
Trump está violando una de las grandes máximas del filósofo italiano. Maquiavelo dice, el príncipe (líder político) debe preferir ser temido a ser amado, pero ante todo debe evitar ser odiado.
Por supuesto que hay grupos que “aman” a Trump por sobre todas las cosas. De acuerdo a las encuestas que lanzan los medios de comunicación, las bases republicanas, especialmente los grupos de extrema derecha, tienen un especial cariño por Trump.
En el caso de los grupos religiosos evangelistas, el apoyo que le brindaron en su primera gestión, fue claramente retribuido con el nombramiento de tres magistrados ultra conservadores, quienes al final declararon que el derecho a la elección personal sobre el aborto es inconstitucional.
En el caso de los grupos extremos de tinte racista, Trump retribuyó el favor de sus votos con el apoyo a líderes políticos que anteriormente no estaban permitidos en nuestro sistema de político. Marjorie Taylor, Don Young, George Allen, entre otros, son políticos que ostentan ideologías discriminatorias y racistas contra grupos minoritarios. Trump no solamente los acoge, sino que los protege. Les ha dado un espacio importante en su campaña política.
Por su parte, entre los grupos que rechazan a Trump están los sindicatos nacionales y locales, quienes fueron muy importantes en las elecciones que lo llevó al poder en febrero 2017. Hoy, estos grupos tienen una posición reservada; no muestran el mismo apoyo que le brindaron en las elecciones de 2016.
En su primera gestión presidencial no luchó contra los magnates empresariales y las políticas de mercado, mismos que son enemigos acérrimos del sector laboral organizado.
Del mismo modo, las bases demócratas, nunca votarán y apoyarán la candidatura de Trump. Aproximadamente es 30% de la población votante del país y son personas que posiblemente “odian” todo lo que representa Trump.
Así, el voto más importante en las elecciones presidenciales de noviembre es el de los moderados. En este momento no se sabe exactamente a quién van a apoyar. Muchos de estos votantes se reúsan apoyar a un delincuente como Trump, pero también no les da confianza entregar las riendas del gobierno a un personaje envejecido como Biden.
Empero, al final, esta población de moderados va a decidir el destino del país. Si buscan un gobierno autocrático, votarán por Trump. Si quieren que nuestro gobierno se mantenga como una democracia representativa, entonces votarán por Biden o Harris.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
