Curar» las enfermedades mentales. Esto es lo que hizo por el trastorno bipolar de mi hijo
Por/By Jan Ellison Baszuck
Hace diez años, a la edad de 19 años, nuestro hijo Matthew sufrió un episodio maníaco que lo llevó a ser internado durante 10 días en la unidad psiquiátrica involuntaria del Hospital de Stanford. Fue diagnosticado con trastorno bipolar tipo I con rasgos psicóticos; se le recetaron potentes antipsicóticos y pasó media década entrando y saliendo de tratamientos mientras luchaba a diario contra sus síntomas.
Luego, a finales de 2020, descubrimos el trabajo pionero del Dr. Chris Palmer, de la Universidad de Harvard, quien utilizaba dietas cetogénicas terapéuticas para tratar enfermedades mentales graves. Poco después, Matthew comenzó un régimen cetogénico bajo supervisión médica, el cual logró que sus síntomas bipolares entraran en una remisión duradera.
Ahora, a raíz de unos recientes comentarios del Secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., se ha desatado un debate público sobre si una dieta cetogénica puede «curar» la esquizofrenia o eliminar un diagnóstico de trastorno bipolar.
Si bien la terminología imprecisa de Kennedy ciertamente ha generado confusión, lo que no podemos permitirnos perder de vista —en medio de los hilos virales en las redes sociales y los titulares sensacionalistas— es la ciencia misma. Aunque aún se encuentra en una etapa incipiente, la evidencia preliminar apunta hacia una nueva y esperanzadora frontera en el ámbito de la salud mental.
Una dieta cetogénica —típicamente rica en grasas, muy baja en carbohidratos y moderada en proteínas— es un patrón nutricional que conduce al estado metabólico de cetosis. Aunque es popular para la pérdida de peso, estas dietas se han utilizado durante más de un siglo para tratar la epilepsia.
Hoy en día, prometedores ensayos piloto revisados por pares, series de casos e historias personales sugieren que la terapia cetogénica puede mejorar el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y otras afecciones.
Mi esposo es el fundador y director ejecutivo de una plataforma de juegos en línea, por lo que tuvimos la fortuna de poder acceder a la mejor atención psiquiátrica para nuestro hijo. Sin embargo, durante cinco años, nuestro hijo dejó de ser él mismo. Pasó por diversos centros de tratamiento a lo largo del país, vivió un periodo de falta de vivienda, fue hospitalizado tres veces más debido a episodios de manía y, finalmente, tuvo que abandonar sus estudios en la Universidad de California en Berkeley (UC Berkeley). Se le recetaron cerca de 30 medicamentos y fue tratado por decenas de profesionales de la salud mental.
En contraste, los síntomas bipolares de Matthew desaparecieron en un plazo de cuatro meses tras haber entrado en un estado de cetosis terapéutica, y no han reaparecido en los más de cinco años que lleva siguiendo esta terapia dietética. Terminó la universidad, desarrolló con éxito una carrera en el sector tecnológico y se convirtió en un defensor de la salud mental.
Inspirados por el progreso de Matthew, hemos utilizado los recursos de nuestra familia para financiar ensayos clínicos sobre la terapia cetogénica para enfermedades mentales graves en instituciones de investigación académica de todo el mundo.
Actualmente, hay aproximadamente 20 ensayos clínicos —ya finalizados o en curso— que evalúan la terapia cetogénica en el ámbito de la psiquiatría; entre ellos se incluye un ensayo controlado aleatorizado en Stanford, dirigido por la Dra. Shebani Sethi, que se basa en los prometedores datos obtenidos en ensayos piloto.
Lo que se necesita ahora es un compromiso con la investigación —a una escala que, inevitablemente, requerirá financiación pública— que examine la conexión fundamental entre la salud metabólica y la salud mental.
Mi esperanza es que la terapia cetogénica sea analizada como un fenómeno biológico y una intervención médica, y que no se reduzca a un mero tema de debate político.
Para familias como la mía, la promesa no reside en la certeza, sino en la posibilidad de brindar un alivio significativo a quienes padecen trastornos mentales debilitantes, mediante terapias metabólicas que ya están mejorando la vida de las personas.
Jan Ellison Baszucki es presidenta del Baszucki Group y fundadora de Metabolic Mind y de la Coalition for Metabolic Health. Una versión de este artículo se publicó originalmente en el *San Francisco Chronicle*.
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Here’s what it did for my son’s bipolar disorder
Ten years ago, at age 19, our son Matthew experienced a manic episode that landed him in the involuntary psychiatric unit at Stanford Hospital for 10 days. He was diagnosed with bipolar 1 disorder with psychotic features, prescribed powerful antipsychotics and spent half a decade in and out of treatment while battling daily symptoms.
Then, in late 2020, we discovered the pioneering work of Harvard’s Dr. Chris Palmer, who was using therapeutic ketogenic diets to treat serious mental illness. Matthew began a medically supervised ketogenic regimen soon after — and it sent his bipolar symptoms into lasting remission.
Now, following new comments from Health and Human Services Secretary Robert F. Kennedy Jr., public discourse has erupted over whether a ketogenic diet can “cure” schizophrenia or eliminate a bipolar diagnosis.
While Kennedy’s imprecise terminology has certainly caused confusion, what we can’t risk losing sight of, amid the viral social media threads and attention-grabbing headlines, is the science itself. While still emerging, early evidence points toward a hopeful new frontier in mental health.
A ketogenic diet — typically high in fat, very low in carbohydrates and moderate in protein — is a nutritional pattern that leads to the metabolic state of ketosis. While popular for weight loss, these diets have been used for over a century to treat epilepsy.
Today, promising peer-reviewed pilot trials, case series and personal stories suggest ketogenic therapy can improve bipolar disorder, schizophrenia, major depressive disorder, and other conditions.
My husband is the founder and CEO of an online gaming platform, so we were fortunate enough to pursue the best psychiatric care for our son. Yet for five years, our son wasn’t himself. He cycled through treatment centers across the country, experienced a period of homelessness, was hospitalized three more times for mania, and ultimately, had to withdraw from UC Berkeley. He was prescribed close to 30 medications and treated by dozens of mental health care professionals.
In contrast, Matthew’s bipolar symptoms cleared within four months of being in therapeutic ketosis — and they haven’t returned after more than five years following this dietary therapy. He finished college, successfully pursued a tech career and became a mental health advocate.
Inspired by Matthew’s progress, we have used our family’s resources to fund clinical trials of ketogenic therapy for serious mental illness at academic research institutions worldwide.
Roughly 20 clinical trials are now completed or are underway testing ketogenic therapy in psychiatry, including a randomized controlled trial at Stanford led by Dr. Shebani Sethi that builds on promising pilot trial data.
What is needed now is a commitment to research — on a scale that will inevitably require public funding — that examines the critical connection between metabolic and mental health.
My hope is that ketogenic therapy will be examined as a biological phenomenon and medical intervention — not be reduced to a political talking point.
For families like mine, the promise is not certainty, but the possibility of meaningful relief for those suffering from debilitating mental disorders with metabolic therapies that are already improving lives.
Jan Ellison Baszucki is president of Baszucki Group and founder of Metabolic Mind and the Coalition for Metabolic Health. A version of this piece was originally published in the San Francisco Chronicle.
