Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
Muchos seguidores de los New York Knicks, equipo de baloncesto de la Gran Manzana, piensan que la presencia de Donald Trump en un encuentro reciente contra San Antonio los maldijo. Ambos equipos disputan una serie de gran importancia deportiva, en un torneo altamente competitivo donde alcanzar el campeonato es una tarea difícil.
El gobernador de California, Gavin Newsom, publicó recientemente en las redes sociales: “Llámalo el efecto Trump”, haciendo alusión a la derrota de los Knicks y atribuyendo, de manera irónica, cierta responsabilidad al actual presidente.
Antes del partido, el comentarista deportivo Stephen A. Smith también sugirió que, si los Knicks perdían, la culpa sería de Trump. Finalmente, los Knicks fueron derrotados.
A pesar de ello, el equipo neoyorquino aún conserva posibilidades de alcanzar el objetivo de conquistar un título que se le ha escapado durante décadas. Para muchos aficionados, desperdiciar esta oportunidad sería una verdadera tragedia deportiva.
En este contexto, sabemos que las maldiciones existen únicamente en la mente de quienes creen en ellas. Sin embargo, desde una perspectiva científica, la llamada “energía” de una persona no es un fenómeno místico o paranormal, sino un conjunto de emociones, estados de ánimo y formas de comportamiento que pueden influir en quienes la rodean.
Algunos científicos explican esta influencia mediante el fenómeno conocido como contagio emocional. Las personas transmiten emociones a través de expresiones faciales, lenguaje corporal, tono de voz y actitudes cotidianas.
Una actitud optimista, amable y cooperativa suele generar confianza y bienestar en los demás. Por el contrario, los comportamientos hostiles, agresivos o pesimistas pueden aumentar la tensión y el estrés en un entorno social.
En ese sentido, los críticos de Donald Trump sostienen que su estilo confrontacional, su discurso polarizante y sus constantes enfrentamientos políticos proyectan una imagen negativa que influye en quienes lo rodean. Sus seguidores, por el contrario, consideran que representa liderazgo, firmeza y determinación.
Por ello, la presencia de Trump en el partido difícilmente pudo haber tenido un efecto directo sobre el desempeño de los jugadores. No obstante, es posible que las reacciones que genera su figura —ya sean de apoyo o de rechazo— hayan contribuido a crear un ambiente emocional particular dentro del Madison Square Garden. Si ese ambiente tuvo algún impacto en los deportistas, habría sido por razones psicológicas y sociales, no por una supuesta maldición.
La derrota de los Knicks, entonces, probablemente no fue producto de fuerzas sobrenaturales. Pero la discusión sí sirve para recordar que las emociones colectivas y la influencia que ejercen ciertas figuras públicas pueden afectar el comportamiento humano de maneras más complejas de lo que a veces imaginamos.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
