Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
La invasión de las tropas militares estadounidenses en territorio venezolano puede interpretarse como el resultado inevitable de un liderazgo voluntarioso por parte de una administración norteamericana que se resiste a reconocer el verdadero valor estratégico del “oro negro” venezolano.
En este sentido, una guerra no declarada contra el gobierno de Nicolás Maduro parece tan evidente que otro escenario es muy difícil de concebir.
Ahora bien, si el motivo real de la intervención fuera la presunta infiltración de cocaína desde Venezuela hacia territorio estadounidense —como afirmaba la Administración Trump—, entonces la invasión debería haberse dirigido, con mayor razón, contra los gobiernos de México o Canadá, países desde cuyas fronteras, especialmente la mexicana, atraviesan miles de toneladas de droga hacia Estados Unidos.
En tal sentido, las tensiones que se han venido gestando en el mar Caribe tienen un trasfondo principalmente económico y político; no guardan relación con la supuesta amenaza a la “seguridad nacional” o el problema de estadounidenses afectados por el consumo de drogas, los cuales son argumentos de la Administración Trump.
Es importante enfatizar que el gobierno de Nicolás Maduro carece de legitimidad democrática. No es el resultado de un proceso electoral transparente, en el que las fuerzas políticas de la sociedad civil venezolana hayan competido libremente para elegir a un líder capaz de sacar al país de su profunda crisis.
Por el contrario, el régimen de Maduro ha utilizado el poder del Estado para manipular los procesos electorales y neutralizar a los líderes opositores mediante mecanismos legales subordinados a su control autoritario.
El gobierno de Maduro representa una autocracia represiva que emplea una fachada democrática para perpetuarse en el poder, probablemente hasta el final de su vida. Para la mayoría de la población latinoamericana, este régimen constituye una aberración política que no debería permitirse.
Sin embargo, una invasión militar planificada desde la Casa Blanca no haría más que reavivar los fantasmas del llamado “imperialismo yanqui” de las décadas de 1960 y 1970, cuando la CIA y otras agencias estadounidenses intervinieron en los golpes de Estado en Chile, Bolivia, Argentina y Paraguay, entre otros países.
La invasión, por tanto, no representa una solución viable a un problema esencialmente político y económico. No debe olvidarse que Venezuela posee reservas de aproximadamente 300.000 millones de barriles de petróleo crudo, la cifra más alta del mundo, seguida por Arabia Saudita (259.000 millones) e Irán (209.000 millones).
Por consiguiente, no es el “polvo blanco” la verdadera razón que impulsa la política de intervención estadounidense, sino el apetito por el “oro negro” venezolano.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
