Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
Una pareja de granjeros, al ver que, día a día, su nueva gallina había puesto un huevo de oro, decidió desbaratar el vientre de la pobre para supuestamente encontrar una mina de oro que los haría inmensamente ricos.
Para sorpresa de los granjeros, después de atravesar el vientre de la gallina con un cuchillo filoso, encontraron que la pobre tenía las entrañas vacías. No había oro; la riqueza se había esfumado; los granjeros no pararon de llorar.
Moraleja: “Es mejor conservar lo poco que se tiene que arriesgarse a perderlo todo en busca de más”.
Comparemos la fábula de la gallina con la política actual del país. Para empezar, el trabajo incesante en la presidencia de Estados Unidos deteriora rápidamente la salud de quienes la comandan. Un jefe de gobierno normalmente inicia su mandato presidencial con un semblante radiante que, al término de cuatro u ocho años, se convierte en un mero recuerdo.
Cuando Bill Clinton llegó a la presidencia en enero de 1993, su semblante hacia aparentar la edad de hombre más joven. Después de un torrencial de trabajo y problemas en un lapso de ocho años, su apariencia física cambió a la figura de un señor de 60 años, cuando realmente tenía 54.
Del mismo modo, el trabajo de la Casa Blanca multiplicó la edad del presidente Biden. Si al inicio de su presidencia ya mostraba un cuerpo debilitado, después de cuatro años su figura revelaba su ocaso. La Casa Blanca lo agotó.
Biden se convirtió en la gallina de los huevos de oro para la campaña política de Donald Trump. Día a día, el ex presidente cosechó éxitos. Los que habían votado por Nikki Haley en las primarias de los republicanos, ahora viraban hacia el trumpismo.
Al igual que la pareja de granjeros de “la gallina de los huevos de oro”, el equipo de Trump vio en la figura alicaída de Biden en una oportunidad de victoria total. No estaban dispuesto a esperar. Les incomodó captar votos poco a poco; quisieron ganar la presidencia con una estocada final el día del debate del 27 de junio.
Trump utilizó sus sañas más perversas, incluyendo un maquillaje y un peinado que lo hizo ver más rejuvenecido a lado de Biden. El debate fue la muerte de la vida política de Biden. Trump acababa de matar a su gallina de los huevos de oro. No calculó que el deceso político del Presidente se traduciría en el arribo de Kamala Harris como candidata del Partido Demócrata.
Hoy, Trump y su equipo lloran por darle el tiro de gracia a la vida política Biden.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
