Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
Como a menudo sucede, las corrientes intelectuales europeas, por más retrógradas que hayan sido, siempre han tenido un impacto extraordinario en el mundo. El economista y filósofo Hebert Spencer tuvo su momento de influencia en la década de 1860, y hoy parece que su teoría evolucionista social-darwinista (racista) volvió a la vida gracias a otra gestión de Donald Trump.
Fue Spencer, y no Darwin, quien formuló la conocida expresión de la “sobrevivencia del más apto”. De acuerdo con esta perspectiva de vida, la población blanca del Occidente de Europa produjo enormes descubrimientos en el mundo debido a supuestos atributos naturales de su especie y, especialmente, porque aparentemente fueron ellos los que evolucionaron, y no las poblaciones de otras regiones.
La perspectiva social-darwinista de Spencer sirvió como base teórica para edificar nuevas estructuras e instituciones de poder basadas en la discriminación, la segregación y el odio a las poblaciones minoritarias en Europa y el mundo.
Spencer produjo una enfermedad social que fue contenida —no eliminada— por la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. El racismo de su teoría sucumbió a más de 6 millones de judíos por el régimen de Hitler. Hoy, esta misma enfermedad está haciendo presa de la sociedad estadounidense.
El “meme” de Trump, en el cual se exhibe como Jesucristo, dice mucho de la enfermedad social que atraviesa Estados Unidos como sociedad.
El problema ya no es el egocentrismo del actual presidente. En el pasado, muchos “locos”, como él, dijeron que son el “mesías” o el mismo Dios. El problema central es que ya no tenemos respuesta —como sociedad— para enjuiciar a un individuo que ha adolecido de moral y ética.
En este sentido, más “locas” están las bases sociales trumpistas y las poblaciones que lo apoyan, y no descansan, un segundo, para defenderlo de sus colosales abusos sexuales, las injurias penales que ha cometido a lo largo de su vida y el ultraje a la “vida decente”.
Tenemos una parte dominante de nuestra sociedad que muestra “personalidad autoritaria”. Este tipo de personalidad facilita la llegada de líderes fascistas como Adolfo Hitler, Vladimir Putin y, por supuesto, Donald Trump.
Según el sociólogo Theodor Adorno, dichos comportamientos no son innatos al individuo, sino que se forman a partir de procesos de socialización en la familia, la cultura y las instituciones. Estas condiciones pueden facilitar la adhesión a liderazgos de corte autoritario.
Trump seguirá con su agenda destructiva hasta que parte de la “medicina” llegue en noviembre de este año, pero será en las elecciones de 2028 cuando finalmente nos liberemos de esta enfermedad que debilita nuestra sociedad.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
