Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
En el Sistema Internacional, las alianzas de los actores (estados o países) son imprescindibles para mantener un orden y evitar una crisis regional o mundial. En este sentido, el presidente-electo Donald Trump está cometiendo en error al amenazar la soberanía de Panamá, argumentando que el gobierno de este país esta siendo condescendiente con los intereses económicos de China en la utilización su Canal.
Trump no escatimó el hecho de que utilizaría la fuerza bruta para devolver control estadounidense sobre el control del Canal de Panamá. Nadie duda de la capacidad militar de Estados Unidos en una eventual invasión. Si llegara a ocurrir, las fuerzas militares estadounidenses lograrían su objetivo en un “cerrar de ojos”.
Esta ciudad centroamericana es un país pequeño con recursos militares reducidos. No cuenta con una fuerza armada regular, sino con una entidad policial, la cual prácticamente realiza trabajo de seguridad dentro de la sociedad panameña.
Con la invasión de 1989 y la destitución subsecuente del dictador Manuel Antonio Noriega, Estados Unidos desmanteló el aparato militar panameño y lo redujo a una entidad policial.
Así, las repercusiones de una invasión tomarían curso inicialmente a nivel local, dentro de la sociedad panameña.
El Canal de Panamá es una de las vertebras principales de la economía regional en el Continente Americano. Un paro de los trabajadores como respuesta a una invasión inmediatamente afectaría el paso de flotas del océano Atlántico hacia el océano Pacífico y viceversa, creando una crisis que volvería a aumentar las tasas de inflación desde California hasta Alaska.
Muchos productos industriales que se producen y generan en la parte occidental de Europa, utilizan el Canal de Panamá para hacerlos llegar a los estados ubicados en las costas del Pacífico del nuestro país. Los estados más comprometidos serían California, Washington, Oregón, entre otros, como también las regiones ubicadas al occidente de Canadá.
Ahora bien, en términos de relaciones internacionales, el nuevo gobierno de Trump estaría comprometiendo la lealtad de los países latinoamericanos, los cuales, a través del liderazgo de gobiernos de izquierda, especialmente México, Brasil y Colombia, estarían reviviendo los sentimientos del panamericanismo latinoamericano con fuertes lazos hacia los intereses de China.
Geopolíticamente Estados Unidos seguiría teniendo control de lo que históricamente llamó “su patio trasero”, pero los agravantes económicos de una alianza latinoamericana dejarían en entre dicho su poder militar sobre la región.
Al lanzar una amenaza senil, el presidente-electo no hacen más que deteriorar la relación con los países vecinos de América Latina y fundamentalmente violar la soberanía de una nación libre como Panamá. Trump debería aprender que las relaciones con otros países dependen de la civilidad y no la alevosía.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
