Sin vuelta de hoja

Sin vuelta de hoja

Por Ernesto Salayandía García

Esta es la historia de Ramón, un niño drogadicto desde los doce años de edad, huérfano de madre, hijo de padre alcohólico y drogadicto, el, marihuano de hueso colorado, flaco, parece un espagueti de lo largo y estirado, como todo buen adicto, muy inteligente, pero extremadamente endeble para  manejar sus emociones, la vida ingobernable que ha llevado le ha dejado severas consecuencias, desidia, abandonar la escuela, se convirtió en un vago y en un latente dolor de muelas, él quiere dejar de consumir, pero no puede mantener ese limpio, la ansiedad le gana y la compulsión es enorme, además de la marihuana, usa otra sustancias toxicas y con el tiempo ha adquiriendo el lenguaje corporal del drogadicto, que es hombros casos, en jorobado, cara larga y apagada, su caminar es torpe y lento, la actitud que denota, es de rebeldía, agresiva, lleva tres procesos de tres meses cada uno y los resultados han sido por demás nulos, insuficientes para su nivel de ansiedad y cada día que pasa, el hoyo de sus adicciones se hace cada vez más profundo y grande. Con el tiempo, se ha convertido en un drogadicto metodista, se ha metido de todo y a últimas fechas, se prendió del cristal, sus niveles de compulsión son muy altos y su ansiedad, es enorme, por supuesto que todas las puertas de un buen futuro alentador, están cerradas, Ramón, es un cero a la izquierda en la escuela, no sabe hacer nada, a veces de chalan de turcas en un taller mecánico, pero solo eso, no tiene capacidad de ahorro, porque si como gana, así lo gasta en sus consumos de drogas y los estragos en los daños físicos y mentales no se han hecho esperar, la saludo de Ramón, va de mal en peor.

Un barrio contaminado

Circula entre los compas de ramón, el conocido spug que es una bolsa de politileno con  tinta fuerte, pintura en aerosol o tihener, se rola entre la banda, como se rolan los churros de mota o los trozos de peyote, su entorno, lo  componen jóvenes nacidos para perder, adictos mediocres que no quieren o no pueden salir del hoyo, la droga esta al alcance de cualquiera y es el refugio  de mal vivientes que se ven en la necesidad de robar a sus vecinos para poder cubrir sus dosis de consumo, no existe la desintoxicación, ni la rehabilitación, son adictos, murtos en vida atrapados si salida a la edad de doce a discaseis años, al parecer a nadie les importa estas criaturas drogadictas, todos ellos, vienen de los tornados de los hogares disfuncionales hijos de padres alcohólicos y drogadictos-

 De cada diez internos,  9 recaen

Los centros de rehabilitación y clínicas en México, han fracasado en la mayoría de los casos, debido a que no existe un plan terapéutico profesional, los adictos en recuperación, que siente que la virgen les habla al iodo, no hacen masa que entorpecer el aburrido y obsoleto programa de recuperación, triste es el caso, que muchos directores a anexos, no se han recuperado asimismo, su calidad de vida y borrachera seca, deja mucho que hablar y han hecho en negocio del siglo, dándoles atole con el dedo a los drogadictos que en verdad, quieren recuperarse, pero no pueden.- No basta con el encierro a fuerzas de tres meses, ni con la caduca terapia de adicto a adicto, algo está funcionando muy mal y los padrinos, se sienten la divina garza, cuando no valen ni tres cacahuates.-

Mal de muchos, consuelo de tontos

Los niños adictos se hacen viejos viviendo de un poseso a otro de tres meses cada uno, los niveles en clínicas y centros de rehabilitación, son muy altos, con contados los que logran salir de las turbulencias de las adicciones, no existe conciencia respecto a la situación de los menores drogadictos, no hay un programa de rehabilitación, mucho menos un plan nacional de prevención, la drogadicción, está matando a la niñez mexicana.- ernestosalayandia@gmail.com, en materia de rehabilitación, desintoxicación y de readaptación social, estamos en páñales.-

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