Por/By Jerry Tetalman
Si quienes murieron en la guerra pudieran hablar, esto es lo que imagino que dirían. Afirmarían que la guerra es el mayor fracaso moral de la humanidad y que es el verdadero enemigo. Quizás preguntarían: “¿Somos animales salvajes o seres humanos civilizados?” y “¿Cuándo se prohibirá la guerra?”.
Podrían declarar: “Vivimos en un mundo donde los crímenes más viles —asesinato, tortura y violación— que se castigan con graves consecuencias en la mayoría de las sociedades, de alguna manera se aceptan cuando se cometen en el contexto de la guerra”. Podrían reflexionar sobre cómo el asesinato organizado de un grupo de humanos por otro, que es la definición de guerra, es alentado por tantas personas.
La guerra ha sido parte integral de la historia de la humanidad durante unos 11.000 años, dependiendo de la definición de guerra. La icónica antropóloga Margaret Mead escribió un ensayo en 1940 en el que afirmaba que, al igual que muchas otras prácticas humanas, la guerra es una invención; no estamos condenados a librar guerras simplemente por nuestra naturaleza humana. Demostró su hipótesis describiendo pueblos que no solo nunca habían librado guerras, sino que a menudo ni siquiera tenían una idea de lo que era la guerra.
En la era nuclear, la guerra representa la amenaza más inminente para nuestra supervivencia. Como personas civilizadas modernas, la mayoría de nosotros consideramos la guerra aborrecible, pero pocos abogamos por su abolición o comprendemos por qué sigue existiendo en el mundo contemporáneo.
La guerra existe por muchas razones.
Una de ellas es que la sociedad humana se ha organizado en torno al concepto de grupo interno y grupo externo. El grupo interno puede ser una tribu, una ciudad, una nación, una religión, un grupo lingüístico o varias naciones asociadas. El grupo externo puede ser tolerado, pero en muchos casos se le considera el enemigo. Los sociólogos señalan la privación relativa; es decir, cuando todos son pobres, no hay conflicto. Sin embargo, si vemos que un grupo vive bien mientras nosotros no, esto puede generar conflictos y, en última instancia, ha dado lugar a casus belli, un motivo para declarar la guerra.
La pregunta de nuestro tiempo es: ¿podemos crear una nueva narrativa en la que la humanidad en su conjunto sea el grupo dominante? ¿Podemos civilizar un mundo sin ley mediante la creación de un sistema básico de normas, un sistema de derecho internacional aplicable?
Comprender qué comportamiento es aceptable es el requisito previo para crear derecho. El derecho es la base de la civilización y permite la resolución no violenta de conflictos. Actualmente vivimos en un estado de relativa anarquía entre naciones, donde el poder militar, en lugar del derecho, impone las reglas. El mayor desafío de nuestro tiempo es llevar el estado de derecho al ámbito global, sustituyendo así la guerra por tribunales y parlamentos. Gozamos de paz y orden dentro de la mayoría de los países gracias al estado de derecho aplicable, pero entre naciones, el derecho internacional es inaplicable y, por lo tanto, ineficaz. Las Naciones Unidas han logrado reunir a casi todos los países del mundo para el diálogo y han sentado las bases del derecho internacional mediante numerosos tratados multilaterales. Sin embargo, las Naciones Unidas se quedan cortas porque carecen del mecanismo de aplicación que exige el verdadero derecho. El derecho es lo que protege a los ciudadanos de los abusos criminales. Gozamos de relativa seguridad en la sociedad porque los delitos se persiguen y tienen consecuencias. Pero, a nivel internacional, las leyes entre naciones carecen de un mecanismo de aplicación. Las Naciones Unidas se basan en el derecho de los tratados, un sistema voluntario de acuerdos entre naciones. Por lo tanto, carecen del mecanismo de aplicación que proporciona el verdadero derecho.
Se necesitan unas Naciones Unidas nuevas, más poderosas y democráticas para crear la paz entre los países del mundo.
Afortunadamente, es posible transformar las Naciones Unidas en este sentido. El artículo 109 de la Carta de las Naciones Unidas prevé un mecanismo para iniciar una Conferencia de Revisión de la Carta. Dicha conferencia abriría el camino para involucrar a los países del mundo en la creación de un sistema de derecho internacional basado en normas que sea aplicable en lugar de voluntario. En este nuevo mundo más civilizado, basado en el derecho y las normas en lugar del poder militar, las naciones ya no tendrían la necesidad ni la capacidad de entrar en guerra.
Según el Artículo 109 de la Carta de las Naciones Unidas, la convocatoria de una conferencia mundial de revisión de la Carta requiere la aprobación de tres cuartas partes de los miembros de la Asamblea General y nueve miembros del Consejo de Seguridad. La aprobación final de los resultados de la conferencia recae en los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido, cada uno con derecho de veto. De tener éxito, la conferencia podría transformar a las Naciones Unidas en una institución internacional más eficaz, capaz de hacer cumplir las leyes entre las naciones.
Es cierto que la capacidad de veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (el P5) para las revisiones de la Carta de la ONU supone un obstáculo potencial para la reforma de la organización. Aun así, la implementación del proceso de revisión de la Carta llevará bastante tiempo, durante el cual los gobiernos del P5 que probablemente se opongan podrían cambiar, quizás para mejor. Además, un miembro recalcitrante del P5 podría dudar en ejercer su veto en una conferencia trascendental con un apoyo abrumador al cambio. También es posible que, ante la presencia de uno o dos disidentes, los delegados a una conferencia de revisión de la Carta de la ONU excedan su mandato original y creen un nuevo sistema de gobernanza global más eficaz.
Para comenzar a recabar apoyo público y diplomático para la celebración de una conferencia de revisión de la Carta adecuada, los defensores de la reforma de la ONU lanzaron en septiembre de 2025 la Coalición del Artículo 109 durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de la ONU. Desde entonces, la campaña ha cobrado impulso, con grupos de la sociedad civil como Citizens for Global Solutions trabajando para movilizar el apoyo de Estados Unidos.
En su campaña, pueden señalar pruebas importantes de que una gobernanza fortalecida reduce la probabilidad de guerra.
Los países de la Unión Europea, por ejemplo, han alcanzado la paz tras miles de años de conflictos, incluyendo dos guerras mundiales, a cambio de una pequeña parte de su soberanía. Ahora resuelven sus disputas en el Parlamento y los tribunales de la Unión Europea. De manera similar, los países de todo el mundo podrían alcanzar la paz mediante el establecimiento de un sistema global de tribunales y parlamentos a través de una transformación de las Naciones Unidas.
Así como la esclavitud fue abolida en el siglo XIX y ahora es ilegal en todos los países, la guerra también puede ser abolida por ley. De hecho, con el fortalecimiento y la aplicación del derecho internacional, la guerra podría convertirse en una reliquia obsoleta de un pasado bárbaro.
Jerry Tetalman es el Presidente del Comité de Desarrollo de Ciudadanos por Soluciones Globales.
If war dead could speak
If those killed in war could speak, this is what I imagine they would say. They would claim that war is humanity’s biggest moral failure and that war is the real enemy. They might ask, “Are we savage animals or are we civilized human beings?” and “When will war be outlawed?”
They might state, “We live in a world where the vilest of crimes―murder, torture, and rape―which are punished with severe consequences within most societies, are somehow accepted when committed as part of war.” They might think about how the organized murder of one group of humans by another group of humans, which is the definition of war, is encouraged by so many people.
War has been an integral part of human history for some 11,000 years or so, depending on the definition of war. Iconic anthropologist Margaret Mead wrote an essay in 1940 that declared that, like so many other human practices, war is an invention—we are not doomed to wage war simply because of human nature. She proved her hypothesis simply by describing peoples that not only didn’t ever wage war, but often didn’t even have a concept of what war is.
In the nuclear age, it is the most imminent threat to our continued existence. As modern civilized people, most of us find war abhorrent, but few of us call for the abolition of war or understand why war still exists in the contemporary world.
War exists for many reasons
- One is because human society has been organized around the concept of the in-group and the out-group. The in-group could be a tribe, a city, a nation, a religion, a language group, or several associated nations. The out-group may be tolerated, but in many instances, it is considered the enemy.
- Sociologists point to relative deprivation, that is, when everyone is poor, that isn’t a conflict, but if we see one group living quite well while we are not, that can lead to conflict and has led ultimately to casus belli, a reason to wage war.
The question of our time is: can we create a new story in which humanity as a whole is the in-group? Can we civilize a lawless world by creating a basic system of rules, a system of enforceable global law?
Having an understanding of what behavior is acceptable is the prerequisite to creating law. Law is the basis of civilization and allows for the nonviolent resolution of disputes. We currently live in a state of relative anarchy between nations, in which military power, rather than law, makes the rules. The greatest challenge of our time is bringing the rule of law to the global level, thereby replacing war with courts and parliaments. We have peace and order within most countries because of the enforceable rule of law, but between nations, international law is unenforceable, thus ineffective.
The United Nations has succeeded in bringing almost all countries of the world together for dialogue and has laid the foundation for international law through many multilateral treaties. But the United Nations has fallen short because it lacks the enforcement mechanism that true law requires. The law is what protects individual citizens from criminal abuse. We are relatively safe in society because crimes are prosecuted and have consequences. But, at the international level, laws between nations lack an enforcement mechanism. The United Nations is based on treaty law, a voluntary system of agreements between nations. Thus, it lacks an enforcement mechanism that true law provides.
A new, more powerful, and democratic United Nations is needed to create peace among the world’s countries.
Fortunately, transforming the United Nations along these lines is possible. Article 109 of the UN Charter provides a mechanism for initiating a UN Charter Review Conference. Such a conference would open the way to engaging the world’s countries in creating a rules-based system of international law that is enforceable rather than voluntary. In this new, more civilized world, based on law and rules rather than on military power, nations would no longer have the need or ability to engage in war.
Under Article 109 of the UN Charter, convening a global Charter review conference requires approval from three-fourths of the members of the General Assembly and nine members of the Security Council. The final approval of the conference results rests with the five permanent members of the Security Council―the United States, China, Russia, France, and Britain―each of which has veto power. If successful, the conference could transform the United Nations into a more effective international institution―one capable of enforcing laws among nations.
Admittedly, the ability of any of the five permanent members of the Security Council (the P5) to veto UN Charter revisions poses a potential obstacle to UN reform. Even so, implementing the UN Charter revision process will take considerable time, during which the most likely nay-sayers among the P5 governments may change, perhaps for the better. Moreover, a P5 recalcitrant might hesitate to exercise a veto at a momentous conference with overwhelming support for change. It is also possible that, when faced with one or two holdouts, the delegates to a UN Charter revision conference would surge beyond their original mandate and create a new, more effective system of global governance.
To begin gathering public and diplomatic support for holding an appropriate Charter review conference, proponents of UN reform turned in September 2025 to launching the Article 109 Coalition during the annual UN General Assembly High-Level Week. Since then, the campaign has been picking up steam, with civil society groups like Citizens for Global Solutions working to mobilize U.S. support.
In their campaign, they can point to important evidence that strengthened governance reduces the likelihood of war.
The countries of the European Union, for example, have achieved peace after thousands of years of warfare, including two world wars, by trading a small portion of their sovereignty for security. They now resolve disputes in the European Union’s parliament and courts. Similarly, countries around the world could achieve peace by establishing a global system of courts and parliaments through a transformation of the United Nations.
Just as slavery was abolished in the nineteenth century and is now illegal in all countries, war too can be abolished by law. Indeed, with the strengthening and enforcement of international law, war could become an obsolete relic of a barbaric past.
Jerry Tetalman is the Chairman of the Development Committee of Citizens for Global Solutions.
