¿Se desatará una guerra entre EE. UU. y Rusia?

¿Se desatará una guerra entre EE. UU. y Rusia?

Por Carlos Belgrano

Amigos:

Todo indica, conforme el zoom de la víspera entre Biden y Putin que, de momento no se vislumbra un desenlace inminente entre Washington y Moscú, pero de atenernos a ese viejo proverbio que, las apariencias engañan, lo contrario debería de imponerse como lo que, finalmente, intuyo, sucederá.

Y para ello, necesariamente deberíamos de atenernos a la simple sujeción de un puñado de hipótesis en progreso.

Resaltando la primera de ellas, en la novedosa circunstancia de la contemporánea y total ausencia de liderazgos, si recurrimos a innumerables episodios del pasado que, ha solido ser una suerte de disparador en automaticidad.

Cuando en la Conferencia de Munich en el 38, ninguno de los Premiers aliados encontró el discurso para detener al Señor Hitler en su expansionismo, un año calendario después, toda Europa se vio atrapada en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de una duplicidad casi idéntica a la que, un cuarto de siglo antes de esa, la Primera se desató.

Hoy, esa misma carencia de personalidades fuertes, nos anticipa que entre muchísimas otras variables de ajuste, una vez más, todos estamos en aras de un mismo torbellino desmorigerador.

La carrera desenfrenada en pos de seguir financiando a los todo poderosos carteles farmacéuticos, a los que, nadie se atreve a sentar en el banquillo, con más, el desprestigio que, Washington exhibe ante una opinión pública vernácula tan atónita y desconcertada, también coadyuva y necesariamente en este incomodo status quo.

En extremo evidente, por la presurosa retirada de Kabul, y el ninguneo extremo que, resalta cotidianamente Xi Jinping respecto de este pobre Joke que, solos constituyen elementos aislados nada significativos pero que, anudados pueden constituir, bastante más que, el poco efectista cocktail molotov que, se arrojan entre sí, ambas desafiantes Potencias.

El ruso tampoco la lleva tan fácil, porque sabe y le consta que, si es derrocado, principalmente por su propio  almirantazgo, Lukaschenko caerá con él y, el balance en el Báltico, podría inclinarse demasiado en favor de la NATO,

o lo que, de ella queda aún en pie.

Y esa suerte de desbalance es un precio para el que, no existen postores conocidos.

En el paralelo, una debilitada Ucrania, acollarada a una Polonia neo nazi, y a la que, casi nadie le otorga demasiada relevancia, hacen el caldo del desconcierto en el ultra peligroso borde de la Eurozona, al que, el gasoducto alimentador de la región, lo tornan en el punto estratégico más álgido a considerar en esta tan encriptada hipótesis conflictiva en progreso.

Aunque, va de suyo que, resta por aguardar quien será el primer agresor, inclinándome por inferir que, será desde Moscú, de donde emergerá dicha orden.

Toda vez que, imaginar lo opuesto sería no solo improbable sino irracional e inoportuno.

Y además porque después de todo, los rusos apenas deben de cruzar una de sus vastas fronteras, y USA, carece de un mínimo apoyo logístico como para dar ese primer paso.

Emergiendo simultáneamente la hipótesis que, en el muy remoto supuesto que, tal directiva partiese desde aquí -WDC-, inmediatamente, Beijing, se alineará con la ex URSS, y debo descontar que, en el Pentágono, imagino que, no se les escapara dicho ejercicio deductivo porque es un simple modelo de libro escolar.

Pero, en esencia, quien arroje la primera piedra no es ni será lo más sustantivo, a poco de deducir que, quizás por vez primera en la historia, tanto Oriente como Occidente se han unido en un mismo avance tecnócrata que, por demás, carece de antecedentes conocidos.

Y reside precisamente en este tan indigerible paralelismo de fuerzas que, me surge el tan temido acertijo de… ¿SE DESATARA UNA GUERRA ABIERTA ENTRE EE. UU. Y RUSIA?.

 

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