Por/By Kathy Kelly
Tras gastar millones de dólares en redecorar la Casa Blanca y transformar los monumentos de Washington D. C., el presidente Trump aprobó, el 15 de septiembre de 2026, una venta adicional de bombas pesadas a Israel por valor de 2800 millones de dólares; dicha venta incluía 40 000 bombas de una tonelada, 20 000 bombas de 2000 libras y 20 000 ojivas penetrantes diseñadas para destruir búnkeres. Israel ha utilizado estas bombas para destruir hogares, familias e infraestructuras cruciales en Gaza, Cisjordania y el Líbano.
Este nuevo paquete de armamento estadounidense repondrá el arsenal de bombas de Israel, un armamento que los grupos de derechos humanos han condenado tras documentar su uso durante los últimos dos años y medio para matar, mutilar, causar la pérdida de seres queridos y desplazar por la fuerza a los palestinos. Los supervivientes, cuyos hogares han quedado reducidos a escombros, viven ahora en refugios improvisados —incluidas tiendas de campaña precarias—, mientras Israel sigue restringiendo la entrega de suministros que podrían proteger a los habitantes de Gaza de las inclemencias del tiempo, las enfermedades, las plagas de roedores e insectos y otras penurias derivadas del desplazamiento.
En junio de 2026, el Consejo Noruego para Refugiados estimó que 170 000 hogares en Gaza —lo que equivale a casi un millón de personas— vivían en tiendas de campaña. «Otros 5000 hogares duermen a la intemperie», informaron, «mientras que 52 000 hogares viven en refugios hacinados». A medida que los habitantes de Gaza se adentran en los meses fríos y lluviosos del invierno, siguen careciendo de artículos básicos para refugios de emergencia. Necesitan láminas de plástico, madera contrachapada y cuerdas. La guerra genocida y el asedio impulsan la crisis que afrontan, mientras los israelíes continúan destruyendo hogares y refugios en Gaza e imponiendo restricciones que bloquean una ayuda humanitaria desesperadamente necesaria.
Durante los últimos dos años, miembros de la coalición Solidaridad Global por la Paz en Palestina han mantenido reuniones semanales en línea con palestinos que viven en Cisjordania. Estos informan a nuestro comité coordinador sobre sus vivencias en medio del genocidio israelí contra los palestinos, perpetuado con el suministro de armas de Estados Unidos. Hablan con angustia sobre las personas en Cisjordania y Gaza que sufren persecución, restricciones de movimiento, hambre, atención médica deficiente, robo de tierras, contaminación y un aumento alarmante de ataques tipo «pogromo» por parte de colonos ilegales, quienes a menudo cuentan con la asistencia de las fuerzas militares y policiales israelíes. Los miembros palestinos de nuestra coalición que viven en Cisjordania anhelan tender una mano a las personas atrapadas en Gaza. Recientemente plantearon el dilema de los niños gazatíes que ya han perdido años de educación. Muchos viven en campamentos de tiendas de campaña en condiciones deplorables, carecen de alimentos y medicinas adecuados y luchan contra traumas psicosociales tras haber perdido a sus seres queridos.
Una ONG palestina, PYALARA (Asociación de Jóvenes Palestinos para el Liderazgo y los Derechos), sugirió que nuestra coalición podría colaborar mediante medidas prácticas para ayudar a los niños de Gaza, deseosos de aprender pero carentes de material escolar básico. Estos niños no disponen de papel, lápices, bolígrafos, libros, pupitres ni mochilas.
Recientemente, para UN News, una entrevistadora habló con Julia Dicon, Directora de Educación de la UNRWA (Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina). Dicon describió lo que significa la educación para los niños refugiados palestinos y por qué es fundamental un apoyo sostenido. Expresó su profundo respeto por las diversas formas en que los palestinos mantienen la capacidad de educar a sus hijos, incluso en estos tiempos tan difíciles.
La entrevistadora le pidió que relatara una historia sobre jóvenes palestinos que encarnan el valor frente a una adversidad indescriptible, mientras continúan sus esfuerzos por aprender y enseñar.
Dicon habló de dos hermanas de Gaza, Tala Mousa, de 17 años, y Farah Mousa, de 15, quienes recientemente fueron galardonadas con el Premio *Middle East Earth Prize* 2026. Las jóvenes observaban a menudo los escombros que rodeaban su hogar, bombardeado por Israel. A diferencia del presidente Trump, que emprende costosas e innecesarias renovaciones, ellas anhelaban reconstruir las viviendas que los israelíes habían arrasado utilizando bombas fabricadas en Estados Unidos. Tala y Farah se preguntaban cómo ellas y sus vecinos podrían empezar a crear el material indispensable para la reconstrucción de viviendas: ladrillos. Juntas, y aplicando sus conocimientos científicos, desarrollaron un método práctico para transformar los escombros en bloques reutilizables destinados a parterres, pavimentos y tabiques.
Tala y Farah representan el potencial de la juventud de Gaza para marcar una diferencia significativa en la vida y el futuro de su comunidad. Su enfoque enérgico, práctico y apasionado merece nuestro respeto y apoyo; al mismo tiempo, debemos encontrar formas creativas de resistir ante los mercaderes de la muerte que se benefician de la compra, por parte de la administración Trump, de armas letales. Boeing, Lockheed Martin, RTX, General Dynamics y Northrop Grumman figuran entre las empresas estadounidenses cuyos beneficios seguirán disparándose mientras Estados Unidos comercializa sus armas, exhibiéndolas en zonas de conflicto de todo el mundo.
Vivimos tiempos duros y sombríos.
La reciente venta de armas de Estados Unidos a Israel confirma una vez más la complicidad de este país en los crímenes de guerra genocidas de Israel contra los palestinos en Gaza y Cisjordania. Debemos atender el urgente llamado de quienes más sufren las consecuencias de estos crímenes de guerra: «No miren hacia otro lado».
Kathy Kelly (kathy.vcnv@gmail.com), cuya obra es difundida por PeaceVoice, es presidenta de la junta directiva de World BEYOND War. Ha convivido con gente común en zonas de conflicto de Irak, Afganistán, Gaza, Cisjordania y el Líbano. Los niños han sido algunos de sus mejores maestros.
—————————
Don’t Look Away
After spending millions of dollars redecorating the White House and transforming D.C. monuments, President Trump approved, on September 15, 2026, an additional 2.8 billion dollar sale of heavy bombs to Israel, including 40,000 one-ton bombs, 20,000 of the 2,000 lb. bombs, and 20,000 bunker-busting penetrator warheads. Israel has used these bombs to destroy homes, families and crucial infrastructure in Gaza, the West Bank, and Lebanon.
This latest U.S. weapons package will replenish Israel’s stockpile of bombs that human rights groups have condemned after documenting their use over the past two and a half years to kill, maim, bereave, and forcibly displace Palestinians. Survivors whose homes have been reduced to rubble now live in makeshift shelters, including flimsy tents, while Israel continues to restrict deliveries of supplies that could protect Gazans from harsh weather, disease, rodent and insect infestations, and other hardships of displacement.
In June of 2026, the Norwegian Refugee Council estimated that 170,000 households in Gaza, equivalent to nearly one million people, were living in tents. “Another 5,000 households sleep outdoors,” they reported, “while 52,000 households live in overcrowded shelters.” As Gazans enter the rainy and cold months of winter, they still lack emergency shelter items. They need plastic sheeting, plywood, and rope. Genocidal war and siege drive the crisis they face as the Israelis continue destroying Gazan homes and shelters and imposing restrictions which block desperately needed relief.
Over the past two years, members of the Global Solidarity for Peace in Palestine coalition have held weekly online meetings with Palestinians living in the West Bank. They update our coordinating committee about their experiences amidst ongoing, U.S. provisioned Israeli genocide against Palestinians. They speak with anguish about people in the West Bank and Gaza enduring persecution, travel restrictions, hunger, inadequate medical care, land theft, contamination, and an alarming rise in pogrom-style attacks by illegal settlers who are often assisted by Israeli military and police forces.
Our Palestinian coalition members living in the West Bank long to extend a helping hand to people trapped in Gaza. They recently raised the dilemma of Gazan children who have already lost years of education. Many live in wretched tent encampments, lack adequate food and medicine, and struggle with psycho-social traumas because of having lost their loved ones.
A Palestinian NGO, PYALARA, (Palestinian Youth Association for Leadership and Rights) suggested that our coalition could assist with practical measures to assist Gazan children who are eager to learn but who lack basic school supplies. The children are bereft of paper, pencils, pens, books, desks, and bookbags.
Recently, for UN News, an interviewer spoke with Julia Dicon, the Director of Education for UNRWA (United Nations Relief and Works Association). Dicon described what education means for Palestine refugee children and why sustained support is critical. She expressed deep respect for the many ways that Palestinians maintain capacities to educate their children, even in these dire times.
The interviewer asked her to tell a story about Palestinian young people who represent courage in the face of unspeakable adversity as they continue efforts to learn and teach.
Dicon talked about two Gazan sisters, 17-year-old Tala Mousa and her 15-year-old sister, Farah Mousa, who were recently named winners of the 2026 Middle East Earth Prize. The young women regularly looked at rubble surrounding their home which Israel had bombed. Unlike President Trump who is undertaking expensive and unnecessary renovations, they longed to rebuild homes which Israelis decimated, using U.S. manufactured bombs. Fala and Farah puzzled over how they and their neighbors could begin creating the indispensable equipment to reconstruct housing: bricks. Together, using their scientific knowledge, they developed a practical way to transform rubble into reusable blocks for garden beds, pavement, and partitions.
Tala and Farah represent the potential of Gazan youth to make a significant difference in their community’s lives and futures. Their energetic, practical and impassioned approach deserves our respect and support, while at the same time we must find creative ways to resist the merchants of death who benefit from the Trump administration’s purchase of their death-dealing weapons. Boeing, Lockheed Martin, RTX, General Dynamics, and Northrup Grumman are among the U.S. companies whose profits will continue to soar while the U.S. markets their weapons, showcasing them in war zones around the world.
We live in harsh, dark times.
The latest U.S. weapon sale to Israel further confirms U.S. complicity with Israel’s genocidal war crimes against Palestinians in Gaza and the West Bank. We must heed an urgent call issued by those most impacted by the war crimes: “Don’t look away.”
Kathy Kelly, (kathy.vcnv@gmail.com), syndicated by PeaceVoice, is Board President of World BEYOND War. She has lived alongside ordinary people in war zones in Iraq, Afghanistan, Gaza, the West Bank, and Lebanon. Children were among her finest teachers.
