México dice adiós al cubrebocas, una historia de amor-odio que no termina después de casi tres años

México dice adiós al cubrebocas, una historia de amor-odio que no termina después de casi tres años

Omar Peralta

El gobierno de México ha actualizado sus lineamientos relativo al uso del cubrebocas. Ya no es obligatorio su uso en espacios cerrados, siempre y cuando exista una sana distancia (1.5 metros). También se ha recomendado que aquellas personas que realicen trabajos físicos intensos puedan prescindir de las mascarillas, y tampoco es obligatoria mientras se estén consumiendo alimentos y bebidas. Además, se ha eliminado el uso de los llamados tapetes sanitizantes, que tanta controversia causaron después de su implementación, pues se les consideraba inútiles —y ahora eso ha sido ratificado—.

El cubrebocas seguirá siendo recomendado (que no obligatorio) en los medios de transporte público, lugares cerrados con poca ventilación y para aquellas personas que tengan alguna enfermedad del sistema inmune o aquellos que no se hayan vacunado contra la covid-19, de acuerdo a dichos lineamientos actualizados por la Secretaría de Salud.

Hubo mucha incertidumbre durante los primeros meses de la pandemia en México, allá por marzo y abril de 2020. No se sabía bien a bien qué tan útil era el cubrebocas. En un principio, las autoridades mexicanas dijeron que se podía prescindir de su uso, con el argumento de que no representaba una garantía de protección ante el covid-19. Después, se dio pie a un debate intenso, porque la Organización Mundial de la Salud dijo que sí era útil para prevenir el contagio por la nueva cepa del coronavirus.

En algunos lugares de México, como Michoacán y Nuevo León, su uso fue declarado obligatorio, y las personas que desobedecieran el mandato tenían que pagar una multa. Fueron constantes, en esa época, los videos en redes sociales en donde se exponía a aquellas personas que no portaran el cubrebocas —o a quienes no lo portaran adecuadamente, lo cual causaba más indignación al parecer—. La conversión del cubrebocas en una costumbre ha sido inevitable, por eso ahora hay quien asegura que no dejará de usarlo ni aunque ya no sea obligatorio. La sensación de seguridad que transmite llegó para quedarse, dicen, y además protege de otro tipo de infecciones, como la gripa normal o la influenza estacional.

Durante muchos meses, por la calle se veía con ojos sospechosos a quien no portaba el suyo. Algo que parecía impensado poco antes. Incluso, en los tiempos prepandemia, el uso de este artículo era visto con rareza. No importaba que una persona estuviera tosiendo o estornudando en lugares públicos. Total, nadie podía sospechar que en esas partículas pudiera estar contenido un virus potencialmente mortal. Quien se lo ponía era considerado una persona educada, solidaria, pero no había gran penalización social para quien no lo usara, más allá de las típicas molestias: ‘Ay, mira, cómo tose y ni se cubre’.

También hubo una mano de la clásica ocurrencia cuando su uso estalló. No pasaron ni cinco minutos para que empezaran a ver cubrebocas con personajes de caricaturas, luchadores, equipos de futbol y demás pintorescos diseños. Aunque, eso sí, los expertos anunciaron con bastante insistencia que las mascarillas simples, de una sola capa y de tela además, no servían para inhibir el paso del virus que provocaba el covid. Siempre se habló de que no había mejor opción que los mentados KN95, que cubrían con mayor eficacia el área de la boca y la nariz, y también se ajustaban con mayor fuerza.

Es cierto, también, que hubo quien nunca respetó el uso recomendado del cubrebocas. El aire libre era el argumento perfecto para desactivar su uso al menos por unos minutos. Al principio eso se miraba mal, pero luego ese comportamiento se generalizó porque todos entendieron que había que tomar un respiro de vez en cuando. Ahora ese respiro apunta a ser más flexible. Pero también abundan quienes ya no quieren desprenderse del cubrebocas y, además, acusan que limitar su uso puede tener consecuencias negativas en una futura ola. A casi tres años de distancia, pocos objetos han causado una relación amor-odio como el cubrebocas. Más allá de incomodidades y condenas, jamás habría de dejar de agradecerle por todas las vidas que salvó. Es lo que justo para él.

 

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