Amenazan con socavar el progreso en la lucha contra el VIH
Por/By Carl Schmid
Más de un millón de estadounidenses viven con el VIH. Y cerca del 40% de esos adultos están actualmente inscritos en Medicaid. Pero es posible que esto no siga siendo cierto por mucho tiempo más.
A partir del próximo año, el gobierno federal exigirá a los inscritos en Medicaid —que calificaron a través del programa de expansión de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (Affordable Care Act) y que viven cerca del umbral de pobreza— que documenten que están trabajando, estudiando o participando en servicios comunitarios para poder seguir recibiendo cobertura. La ley que estableció estos requisitos laborales creó, acertadamente, exenciones para ciertos grupos de personas, tales como cuidadores, mujeres embarazadas, personas con discapacidades o aquellas con trastornos por uso de sustancias o de salud mental. Además, existe una exención para las personas con afecciones médicas graves o complejas. Sin embargo, no se estableció una definición específica para dichas afecciones médicas.
El Congreso dejó en manos de los responsables de implementar la ley la decisión sobre quién califica como portador de una afección médica grave o compleja. Actualmente, estamos a la espera de que los administradores del gobierno federal emitan directrices sobre qué afecciones y enfermedades específicas califican para dichas exenciones. De no hacerlo, los estados se verán obligados a tomar esa decisión por su cuenta. Este es un riesgo que las personas que viven con el VIH no pueden permitirse correr.
El VIH es una afección médica grave, compleja y de por vida. Si bien hoy en día las personas pueden vivir más tiempo y controlar mejor su enfermedad, esto solo es posible si tienen acceso a medicamentos antirretrovirales, proveedores de atención calificados, gestores de casos y servicios de apoyo para garantizar la adherencia al tratamiento. Todos estos apoyos fundamentales son proporcionados por Medicaid.
El VIH debería ser una de las afecciones médicas que justifiquen la concesión de una exención por parte del gobierno federal. De no ser así —y según estimaciones de KFF— más de 145.000 personas que viven con el VIH perderían su cobertura de seguro si no calificaran para alguna de las exenciones existentes. Esto no solo interrumpiría los regímenes de tratamiento de muchos pacientes, sino que pondría sus vidas en peligro. Asimismo, aumentaría considerablemente el riesgo de nuevas transmisiones del VIH, lo que a largo plazo se traduciría en un gasto mucho mayor en salud pública.
Esto socavaría gravemente el progreso que hemos logrado en la lucha contra el VIH. A nivel nacional, el número de casos nuevos ha ido disminuyendo: las nuevas infecciones se redujeron en un 12% entre 2018 y 2022.
Pero aún nos queda un largo camino por recorrer. Además de los 1,2 millones de estadounidenses que viven con el VIH, decenas de miles siguen siendo diagnosticados con el virus cada año.
Es por ello que las autoridades federales deberían dejar meridianamente claro que los estadounidenses que viven con el VIH son, precisamente, el tipo de personas que el Congreso tenía en mente cuando estableció una exención a los requisitos laborales.
Carl Schmid es el director ejecutivo del HIV+Hepatitis Policy Institute. Este artículo se publicó originalmente en *U.S. News and World Report*.
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New Medicaid Work Requirements Threaten to Undermine Progress on HIV
More than a million Americans live with HIV. And about 40% of those adults are currently enrolled in Medicaid. But that might not be true for much longer.
Beginning next year, the federal government will require Medicaid enrollees who qualified through the Affordable Care Act’s expansion program and are living near the poverty level to document that they’re either working, in school or participating in community service to continue receiving coverage. The law that created those work requirements wisely created exemptions for groups of people such as caregivers, pregnant women, people who are disabled or those with substance use or mental health disorders. Additionally, there is an exemption for people with serious or complex medical conditions. However, there was no specific definition of those medical conditions.
Congress left it up to the law’s implementers to decide who qualifies as having a serious or complex medical condition. We are currently waiting for administrators in the federal government to provide guidance about which specific conditions and diseases qualify for those exemptions. If they do not, states will be left to decide on their own. That is a risk people living with HIV can’t take.
HIV is a lifelong, serious and complex medical condition. People may be living longer and managing their disease better today — but only if they have access to antiretroviral medications, skilled providers, case managers, and services to support treatment adherence. All of these fundamental supports are provided by Medicaid.
HIV should be one of the medical conditions that warrants an exemption by the federal government. If it isn’t, according to estimates from KFF, over 145,000 people living with HIV would lose insurance coverage if they don’t qualify for one of the exemptions. That wouldn’t just interrupt many patients’ treatment regimens but put their lives in danger. It’d also greatly increase the risk of new HIV transmissions, resulting in far greater public health spending in the long run.
That would severely undermine the progress we’ve made against HIV. Domestically, new cases have been dropping: New infections declined by 12% between 2018 and 2022.
But we still have a long way to go. In addition to the 1.2 million Americans living with HIV, tens of thousands are still diagnosed with it annually.
That’s why federal officials ought to make it abundantly clear that Americans living with HIV are precisely the sorts of people that Congress had in mind when it created an exemption to work requirements.
Carl Schmid is executive director of the HIV+Hepatitis Policy Institute. This piece originally ran in U.S. News and World Report.
