Las leyes son implacables contra los delincuentes

Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com

“Las leyes en Estados Unidos –tarde o temprano— siempre sancionan a quienes se comportan arbitrariamente”.   Estas son palabras que siempre he utilizado para aconsejar a personas que llegan de algún país de América Latina y quienes tienen en mente cumplir su “sueño americano”.

La mayoría sigue mis consejos, pero hay otros que quieren mantener la misma vivencia y el mismo comportamiento que cuando estaban en sus países de origen.  Les va mal.

En una visita a Colombia, observé a través de los medios de comunicación y las redes sociales, que algunas autoridades policiales reciben insultos y algunas veces sufren abusos físicos por la gente de su mismo distrito de control.

Estados Unidos no es la excepción de este tipo de tratos.  Sin embargo, cuando la autoridad estadounidense “cacha” a los que se compartan ilegalmente, las leyes los sancionan drásticamente.

Muchas de las personas que atacaron irresponsablemente a las autoridades policiales frente al Congreso, el 2 de enero de 2021, ahora están cumpliendo condenas de cárcel por ultrajar al cuerpo policial y por tratar de llevar a cabo un golpe de Estado.

Recientemente en la ciudad de New York, varios inmigrantes venezolanos reaccionaron con dolo contra dos policías que trataban aprehender a dos sospechosos inmigrantes que probablemente cometieron algún delito.  Las imágenes de la televisión muestran cómo unos jóvenes migrantes que, en el afán de liberar a sus dos compañeros, abusan físicamente a los policías.

Esos jóvenes migrantes ya están en custodia policial.  Las leyes norteamericanas los va a sancionar rígidamente; estarán en la cárcel y luego seguramente serán deportados.

Nuestras leyes no solo son rígidas con personas de estratos sociales bajos, sino también contra aquellos personajes poderosos.

El expresidente Donald Trump, desde que emprendió su carrera como magnate de los casinos y hoteles, vivió en la opulencia a costa de la explotación y burlándose de las normas.

Hoy, Trump vive una verdadera pesadilla.  Finalmente tendrá que pagar por todas las violaciones cometidas a lo largo de su carrera como empresario y como político, especialmente por provocar una insurrección y por tratar de usurpar el poder del voto a los ciudadanos estadounidenses.

El último golpe contra Trump lo produjo la Corte de Apelaciones de Washington, cuyos jueces dictaminaron que el expresidente es como un ciudadano cualquiera después de cumplir su mandato presidencial.  Si es que ha cometido algún delito penal, los jueces manifestaron que debe ser procesado como cualquier delincuente.  No tiene “inmunidad absoluta”, dijeron.

Trump tendrá oportunidad de apelar a la Corte Suprema de Justicia, pero de entrada tiene todas las de perder porque las leyes norteamericanas son implacables contra los delincuentes.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.

 

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