La orfandad olvidada

La orfandad olvidada

Rosa Esther Beltrán Enríquez

En México, hasta hace 6 días el número de fallecidos por Covid-19 alcanzaron los 243.165, este saldo terrible va acompañado en muchos casos; de 131 mil 325 niños y niñas huérfanos por la muerte de uno o ambos padres, siendo este  país uno de los primeros del mundo con el mayor número de infantes que pierden a uno o a los 2 principales cuidadores, según un estudio presentado por la publicación científica, The Lancet, revista médica británica, el estudio incluye a 21 países.

Aunque la dramática cifra es aún más grave y aumenta si los niños estaban bajo la tutela de abuelos o adultos mayores, incrementándose a 141 mil 132 huérfanos mexicanos.

Las consecuencias de la orfandad para niños y adolescentes pueden llegar a ser catastróficas, el hambre, la inseguridad, la salud, la falta de educación académica, los abusos, violencia sexual y embarazos tempranos de las adolescentes. De ahí que la evidencia indica la urgencia de la intervención de las autoridades a todos los niveles a fin de que la protección, de los niños y niñas cuyos cuidadores fallecieron, sean minuciosamente investigados, prevenidos y resueltos en los distintos ámbitos.

La orfandad no desaparece, por ello, invertir en programas y servicios públicos basados en la urgencia de protegerlos y apoyarlos en el futuro, que seguro será largo debiera estar en proceso.

Según el estudio de referencia, se presentaron más fallecidos en hombres que en mujeres se menciona que hasta 5 veces más niños perdieron a sus padres hombres y menos a sus madres.

Esta semana, en la ciudad de Texcoco, muy cerca de la CDMX, se fundó el orfanato Fray Martín de Porres, dirigido por religiosas, desde el inicio de la pandemia ahí han llegado decenas de niños huérfanos tras la muerte de alguno o de sus progenitores, resulta que ya no tienen camas y siguen llegando decenas de infantes, hay casos en los que la madre muere y el padre abandona a sus hijos, así han recibido hasta 20 niños en una semana.

Las organizaciones internacionales en el favor de los derechos de la infancia como Save the Children, estiman que el Estado mexicano debería, en primer lugar, realizar un censo de los niños afectados para conocer su número exacto y su situación y también sería muy útil disponer de cifras de huérfanos por causas graves, como feminicidios u homicidios violentos.

Sin duda es el momento de centrarse en un grupo que seguirá creciendo: los más de un 1 millón de niños que han perdido a un padre y otro medio millón de niños que han perdido a un abuelo o cuidador que vive en su propia casa.

Es más que evidente que los niños son más vulnerables y corren un mayor riesgo de quedarse sin el cuidado de sus padres debido a la muerte de ellos, las enfermedades graves o las dificultades económicas. Esto, a su vez, aumenta el riesgo de que se les coloque bajo un cuidado alternativo impropio. Los daños inmediatos y a largo plazo causados por la separación de la familia y el cuidado alternativo inadecuado, están bien documentados.

En febrero pasado, Ricardo Flores Suárez, diputado integrante del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional en la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión, con fundamento en lo dispuesto por el artículo 6, numeral I, fracción I, y 79 numeral 1, manifestó que en Coahuila no llevan un registro de huérfanos por padres fallecidos por Covid, no tienen un plan específico para estos menores de edad.

Ya es tiempo de que el Gobierno estatal, que dice, que “Fuerte, Coahuila es”, muestre que algo puede hacer por esta población infantil tan vulnerable.

Posdata

                Cumple 100 días el Plantón de la Dignidad Magisterial, mas la lucha sigue. Y la cleptomanía también.

 

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