Por/By Dra. Ashley Austin
Como médica de atención primaria especializada en medicina deportiva para el equipo New York Liberty —y exatleta de División I—, he visto más lesiones deportivas de las que puedo contar.
Es fácil lesionarse al hacer lo que amamos; la prevención de lesiones, el tratamiento y la recuperación son partes naturales de la trayectoria de cualquier atleta. Sin embargo, aunque cada vez hay más interés en el deporte femenino y las atletas ganan popularidad, todavía hay mucho que los médicos especialistas en medicina deportiva desconocen sobre el tratamiento específico de las mujeres.
Necesitamos una mayor inversión en ciencia aplicada al deporte femenino, no solo para mejorar los resultados de las atletas de élite, sino también para mejorar la atención a mujeres y niñas en todo el sistema de salud.
Históricamente, las mujeres han estado subrepresentadas en la investigación médica. Antes de que el Congreso exigiera su inclusión en la década de 1990, los investigadores rara vez incluían a mujeres en los ensayos clínicos. En la década de 1970, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) incluso recomendó explícitamente excluir a las mujeres en edad fértil. Muchos investigadores —predominantemente hombres— simplemente consideraban que el cuerpo masculino era la norma y asumían que podían aplicar a las mujeres los resultados de ensayos realizados exclusivamente con hombres.
Pero las mujeres no son simplemente “hombres en miniatura”. Poseen anatomías y fisiologías muy diferentes que, a su vez, responden de manera distinta a la actividad física en comparación con los hombres, especialmente a medida que envejecen. Lo he visto de primera mano.
Las mujeres experimentan habitualmente cambios hormonales y corporales significativos que pueden afectar drásticamente su movimiento. Por ejemplo, he escrito anteriormente sobre cómo el embarazo influye en el movimiento de la mujer y sobre la necesidad de enfoques intencionales e individualizados para optimizar la recuperación posparto.
Muchos conocen los cambios hormonales que se producen durante el embarazo. De igual manera, la mujer experimenta cambios musculoesqueléticos al envejecer. Algunos se deben directamente a las hormonas, y muchos son exclusivos de las mujeres.
A medida que las mujeres envejecen y llegan a la menopausia, sus niveles de estrógeno disminuyen. Este descenso puede provocar una reducción de la masa muscular y de la densidad mineral ósea. Las mujeres pueden perder alrededor del 2 % de su masa ósea cada año antes de la menopausia, y al menos un 3 % después de ella. Como resultado, se enfrentan a un mayor riesgo de osteoporosis. Al debilitarse el sistema de anclaje óseo, también aumenta el riesgo de sufrir lesiones musculoesqueléticas, como lesiones en los tendones —por ejemplo, desgarros del manguito rotador— y fracturas por estrés. Hoy en día, las mujeres compiten y entrenan a niveles de alta intensidad durante más tiempo que nunca, tanto a nivel profesional como recreativo. Es necesario ampliar nuestros conocimientos sobre la mejor manera de apoyarlas y de contribuir a la prevención de lesiones y a prolongar su vida deportiva.
Es el momento de impulsar una mayor investigación y financiación. El deporte femenino nunca había gozado de tanta popularidad; la cobertura mediática de las disciplinas femeninas alcanzó una cifra récord del 15 % en 2024.
Estamos entrando en una nueva era para el deporte femenino. Ha llegado el momento de que la medicina especializada en la mujer se ponga al día.
La Dra. Ashley Austin es médica de atención primaria especializada en medicina deportiva en el Centro de Medicina Deportiva para la Mujer del Hospital for Special Surgery (HSS) de Nueva York. Este artículo se publicó originalmente en *Newsweek*.
—————————–
Sports Medicine Must Get Better at Treating Women
By Dr. Ashley Austin
As the primary care sports medicine doctor for the New York Liberty — and a former Division I athlete — I’ve seen more sports injuries than I can count.
It’s easy to get injured doing what we love — injury prevention, treatment, and recovery are natural parts of any athlete’s journey. But even as more eyes turn to women’s sports, and female athletes surge in popularity, there’s still a great deal that sports medicine doctors don’t know about actually treating women.
We need increased investment in women’s sports science — not just to improve outcomes for elite athletes, but to improve care for women and girls across the healthcare system.
Women have long been underrepresented in medical research. Before Congress mandated inclusion in the 1990s, researchers rarely included women in medical trials. In the 1970s, the Food and Drug Administration even explicitly recommended excluding women of childbearing potential. Many — predominantly male — researchers simply considered male bodies the norm, and assumed that they could apply the results of all-male trials to women.
But women are not just “tiny men.” They have very different anatomies and physiologies, which in turn respond very differently to physical activity compared to men — especially as they get older. I’ve seen it firsthand.
Women routinely undergo significant hormonal and bodily changes that can dramatically affect their movement. I’ve previously written, for instance, about how pregnancy affects women’s movement — and that we need intentional and individualized approaches to optimize postpartum recovery.
Many are familiar with the hormone-induced changes that occur in pregnancy. Similarly, the aging woman experiences musculoskeletal changes. Some are directly due to hormones, and many are entirely unique to women.
As women age and eventually enter menopause, their estrogen levels decrease. That decline can lead to reduced muscle mass and bone mineral density. Women can lose about 2% of bone mass each year before menopause — and at least 3% after. As a result, women face a greater risk of osteoporosis. With a weakened bone anchor system, they are also at an increased risk of musculoskeletal injuries like tendon injuries — such as rotator cuff tears — and stress fractures.
Women are now competing and working out at high intensity levels for longer than ever before, both at the professional and recreational level. We need to expand our understanding of how best to support them and aid injury prevention and longevity.
Now’s the time to push for more research efforts and funding. Women’s sports have never been so popular. Media coverage for women’s sports reached a record 15% in 2024.
We’re entering a new era for women’s sports. It’s time for women’s medicine to catch up.
Dr. Ashley Austin is a Primary Sports Medicine Physician in the Women’s Sports Medicine Center at Hospital for Special Surgery (HSS) in New York City. This piece originally ran in Newsweek.
