Reabre el debate sobre la pena capital en EE.UU.
Guillermo Idiart
Washington.- En la noche del miércoles, en la cámara de ejecución de una prisión de Nashville, Christa Pike, una mujer condenada a muerte por un asesinato en 1995, sobrevivió a la aplicación de dos dosis de un fármaco letal: seguía con pulso, consciente y respirando con ronquidos audibles cuando su defensa presentó una moción de emergencia para que fuera trasladada a un centro médico, en un caso que generó conmoción en el estado de Tennessee y que rápidamente se amplificó a nivel nacional con un intenso debate sobre la pena capital en Estados Unidos.
“Nadie quería que sucediera lo que pasó anoche. Es una tragedia, y me resulta profundamente inquietante que esto haya ocurrido en este estado”, lamentó el gobernador de Tennessee, el republicano Bill Lee, que reaccionó al caso con la suspensión este jueves de la aplicación de la pena capital y una orden de revisión de las políticas estatales sobre los procedimientos de ejecución.
Un abogado de Pike, Randy Spivey, quien estuvo presente en el momento en que le fueron administradas las inyecciones letales, informó esta tarde que la mujer está en “estado crítico” y que recibía atención médica vital.
En un dramático relato, Spivey contó que observó cómo el brazo derecho de Pike se tornaba de color púrpura, especialmente tras la segunda dosis. “Tenemos entendido que, en este momento, ella presenta ampollas y quemaduras alrededor de los puntos de inyección”, señaló.
En medio de los interrogantes que suscitó el caso, entre ellos el uso de inyecciones letales con un solo fármaco para cumplir las sentencias de muerte, Lee prometió una investigación exhaustiva para determinar qué fue lo que falló.
“Tomará tiempo. Por lo tanto, la última ejecución programada para este año no tendrá lugar”, dijo el gobernador a los periodistas. “Hay muy pocas respuestas esta mañana y muchas preguntas. Los habitantes de Tennessee merecen algo mejor y nos aseguraremos de que así sea”, añadió.
La fallida ejecución de Pike, de 50 años y condenada a muerte en 1996 después de que un jurado la declarara culpable de un asesinato cometido cuando era adolescente, se sumó a otra situación similar este año en Tennessee, lo que volvió a llevar los focos a las dificultades que enfrentan los estados norteamericanos para llevar a cabo las ejecuciones letales.
“Este hecho es el peor que hemos visto y no se parece a ninguna otra ejecución fallida de la era moderna”, señaló, por su parte, Robin Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte. “No existe precedente alguno”, añadió.
En 2024, Tennessee adoptó un protocolo de inyección letal de un solo fármaco con el uso de pentobarbital, un potente barbitúrico. Según señalaron los abogados de Pike en un escrito, los funcionarios penitenciarios de la prisión de máxima seguridad de Riverbend le administraron a la mujer dos inyecciones, lo que le causó una “agonía innecesaria”, pero no la muerte.
El Departamento Correccional de Tennessee informó de la suspensión de la ejecución y que Pike había sido trasladada en ambulancia a un centro médico. Hubiera sido la primera mujer ejecutada en ese estado en más de 200 años.
El caso generó una amplia cobertura mediática a nivel nacional, e incluso se pronunciaron la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (Acnudh, por sus siglas en inglés) y la organización Amnistía Internacional (AI).
