La bola de nieve  

La bola de nieve   

Por Ernesto Salayandía García

 

Una incongruencia tras de otra

Viví en vivo y a todo color el síndrome de supresión,  quitarle a mi cuerpo la botella de vodka,  que me bebía a diario,  la gran cantidad de cocaína,  de 10 a 15 pases,  también quítale la morfina sintética que me inyectaba,  3 mg en la mañana 3 miligramos en la tarde y 3 mg en la noche,  más a ese cuerpo,  déjalo sin el tafil y las pastillas antidepresivas que me suministraba todas las noches y por supuesto las casi 3 cajetillas de cigarros que me fumaba durante el día, de inmediato,  me pegó y muy fuerte el síndrome de supresión,  ellos no sabían de este tema y yo mucho menos,  cada vez que iba a obrar,  sangraba a chorros, arrojaba coágulos de sangre,  estaba  asustado,  aparte,  un dolor de huesos insoportable,  que no me dejaba estar tranquilo ni un instante y en la desesperación,  hacía  una  lucha porque me sacaran e hice el intento de mandar un fax,  así como recados y mensajes a muchas personas  de afuera,  pero ellos se daban cuenta de todo y tiro por viaje,  me daban silla,  la silla es un método de ayuda, castigo,  que le dan a los ingobernables como a mí y la ayuda consistía en qué el padrino, director del centro,  los apoyos, así como,  el primero,  segundo y tercero de anexo, el primero, segundo y tercero de guardia,  el primero,  segundo y tercero de cocina,  el enfermero y otros más,  tomarán la tribuna para insultarte y denigrante,  las típicas frases y palabras eran sátrapa de m***, hijo de tu puta madre,  malnacido,  cara de homosexual reprimido y tantas y tantas groserías ofensivas,  sin que tú te pudieras mover y protestar porque si lo hacías así te iba a ir y cada vez que era la ayuda muy seguido,  me castigaban durmiendo en una silla de aluminio frente a una pared y llegaron a ponerme dos marcapasos,  dos adictos que cuidaban de todos mis movimientos, por supuesto, sin cigarros y otros privilegios.-

 

Un proceso lento y doloroso

No me parecía adecuado la terapia de adicto a adicto, se la pasaban todo el santo día con ayudas y bienvenidas, las bienvenidas eran para adictos que habían terminado el proceso,  pero por desgracia habían recaído,  el número de recaídos era y es impresionante y las tribunas eran más de lo mismo, el mismo historial,  el mismo sonsonete y los mismos enfoques,  de cada una de ellas para mí, era muy incómodo estar sentado por más de 8 horas de junta en un tablón,  como también era muy molesto,  dormir en el suelo y con los cuerpos pegados al mío,  bañarme al mismo tiempo con 15 internos que apenas si  cabíamos en las tres regaderas que habían. El hacer mis necesidades con público, me irritaba sobre manera, el caldo espiritual, la comida, era todos los días,  supuestamente este plan de desnutrición,  era para valorar,  cuando la realidad de las cosas,  mi cuerpo llegó anémico,  desnutrido y mi nivel de ansiedad era altísimo,  nada que ver con la pésima alimentación que ahí nos daban y hoy en día, esta historia tiene vigencia en infinidad de anexos.

 

El síndrome de supresión

El encierro y el mar de incongruencias que ahí viví,  aumentaron,  mi negación  creció,  mantuve en resistencia y no quería,  ni derrotarme,  ni aceptarme como buen enfermo,  alcohólico y drogadicto y después de muchas sillas de castigo,  después de muchos hechos en contra de mi persona,  el padrino,  un día subió a la tribuna,  con un ejemplar en sus manos,  del  recién terminado de mi libro,  Radio Causa y Cause y empezó su tribuna con insultos,  a denigrarme,  a humillarme y a insultarme, invitándome a que me derrotará, que me rindiera ante mi enfermedad me gritaba derrótate.- Me gritaba, derrótate,   hijo de tu puta madre.-  Ríndete ya hijo de la chingada.-  Pinche soberbio de m*** y así fue durante 2 horas de su intervención en contra de mi persona,  yo no entendía,  ni comprendía ante que me tenía que rendir,  y  ante que me tenía que aceptar,  por supuesto,  que ahora sé,  pero no estoy de acuerdo en esa metodología,  que incluso hoy en día,  se repite en infinidad de anexos y tanto escuché a los compañeros adictos qué decían se manifestó el Jefe,  el Jefe me lo mandó,  porque así lo quiere el Jefe, porque es cuestión del Jefe y un día sentí esa fe en mi interior y entré a un cuartito reducido que era el guardarropas y de rodillas le baje al Jefe y le pedí con el corazón en la mano diciéndole señor si tú quieres que salga voy a salir Señor,  si tú quieres que me quede le voy a entrar, hágase Tu Voluntad y no la mía me llene de emoción y sentí una sensación muy grata,  cómo  jamás pude  haber sentido,  con ningún tipo de droga en mi interior, me puse de pie y al salir se manifestó la tribuna y comencé a llorar y hablar y hablar de mis dolores, de mis resentimientos,  de mis miedos y de mis angustias,  desahogue el cúmulo de emociones torcidas y me sentí muy liberado,  por la noche,  le pedí a Dios que me iluminará y me guiará para saber el por qué me había convertido en adicto y comencé a escribir y escribir y de esta manera fue como empecé a conocer el programa de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos.- hice y sigo haciendo el Primer Paso.-

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