En Roma, haz como los romanos  

Humberto Caspa, Ph.D. –  hcletters@yahoo.com

Novak Djokovic perdió en Australia.  Las autoridades migratorias y la corte de este país lo dejaron fuera de la competencia de uno de los torneos de tenis más importantes del mundo porque tomó una decisión que contradice el sentimiento de las mayorías de este país.

Debido a que insistió en no aplicarse vacunas contra el Covid-19, Djokovic se convirtió en una figura política.

A diferencia de algunos deportistas que optan el camino de la política a través de la sensibilidad humana, como lo hizo Magic Johnson cuando decidió defender a las personas que padecen el VIH, o las jugadoras de la selección femenina de futbol, quienes optaron poner en tela de juicio a la discriminación contra la mujer en el deporte, Djokovic se convirtió en un personaje polarizante.

En este mundo de extremos –de derecha e izquierda—, la nueva imagen de Djokovic le permitió ganar nuevos adeptos, como también nuevos rivales.

Muchos que se deleitaban verlo realizando malabares con la raqueta de tenis y lo ovacionaban cuando levantaba trofeos mundiales, hoy sus sentimientos se encuentran en la incertidumbre.  No saben si seguir al deportista o al político.

Lamentablemente en un mundo polarizante como el actual, el lado político se impone al deportista.  Algunos de sus seguidores lo están abandonando.

Djokovic decidió caminar sobre una cuerda floja, creyendo que las normas australianas le iban a condonar su decisión de no aplicarse vacunas por el hecho de que es el mejor tenista del mundo.  Se equivocó y ahora está pagando los platos rotos.

Esta decisión equivocada le impide convertirse en el jugador más ganador de torneos de “grand slam”.   Necesita otro abierto de tenis para alcanzar 21 títulos, lo cual le permitiría rebasar los 20 que tienen Rafael Nadal y Roger Federer.

Asimismo, la expulsión de Australia tiene consecuencias a largo plazo.   Djokovic no podrá solicitar una visa hasta pasado los próximos tres años de su deportación.

Como los jueces se mostraron inflexibles con su caso, también mostrarán la misma inflexibilidad cuando solicite una nueva visa.  Así, no alcanzará a participar en otro torneo australiano hasta el 2025.  Para entonces, su gran momento ya habría pasado.

Por otra parte, los otros tres países –Estados Unidos, Reino Unido y Francia— que organizan los otros tres torneos abiertos tiene leyes similares a la de Australia.  Para su mala suerte, los gobiernos de estos países han sido, en general, defensores de las vacunas.  En tal sentido, la visa de Djokovic volverá a ser cuestionada.

Lo mejor que puede hacer para librarse de este calvario polarizante es “hacer en Roma como los romanos”.  ¡A vacunarse ya!

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.

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