El que no sabe, es como el que no ve

El que no sabe, es como el que no ve

Por Ernesto Salayandía García

El autoengaño, familias disfuncionales

Parece ser que nadie quiere ver, ni enterarse del grave problema generacional que estamos viviendo, nadamos de pechito, a sabiendas que no hay peor ciego como el que no quiere ver, nos invade, en infinidad de casos la neurosis, no existe cordialidad, ni armonía entre familia, somos, en muchos casos, un refugio de mechas cortas, explosivos, agresivos, por demás conflictivos, distantes, egocéntricos, aislados, a veces orgullosos, muy lejos de una convivencia sana con buena convivencia y sobre todo, con respeto, no existen estadísticas, ni registro alguno del alto índice de neuróticos, ni de la gran cantidad de fármacos, es decir adictos a los antidepresivos, mucho menos, un registro de la población alcohólica en niños, adultos, ambos sexos, tampoco lo hay respecto a los consumidores de marihuana y derivados del Cannabis, ni de los adictos al Cristal, no se debe de escapar los ludópatas que saturan los casinos desde de las diez de la mañana, ni los adictos a la disorexia que mantienen llenos los gimnasios en esta adicción compulsiva y a la vanidad, súmale la enorme tendencia de los maniaco depresivos o aquellos que intentan el suicidio o la autodestrucción, no hay que olvidar a las víctimas de los trastornos alimenticios, bulimia, anorexia y obesidad, sin duda todas estas enfermedades son el producto de las familias disfuncionales, de esas que nadie quiere ver y como diría el monje loco.- Nadie sabe, nadie supo.-Todo es según del color del cristal con que se mira.-

La decadencia de la familia

Podemos comenzar, primero por los noviazgos violentos, por demás conflictivos, parce ser toda una moda, el pellizcarse, morderse y darse de cachetas. Por supuesto, insultarse, agredirse y denigrarse el uno al otro, luego, se casan y como es de suponerse, truenan como espárragos, toma en cuenta, el caso de las niñas madres, entre 13 y 17 años, el de las madres solteras hasta con tres hijos de diferentes padres, hay otro factor que es la disfuncionalidad sexual de infinidad de jóvenes, hay una marcada confusión y definición sobre el sexo en muchos niños y jóvenes, la decadencia se marca en la violencia doméstica y pésima convivencia familiar, todos estos escombros emocionales se incrementaron con la pandemia y queda muy en claro que en México, no estamos preparados, ni capacitados para enfrentarnos a las crisis emocionales, el panorama no es nada alentador y no podemos tapar el sol con un dedo, hay quienes creen que por que  va a una junta o dos en un grupo de autoayuda, ya es ampliamente conocedora del programa de los doce pasos o en sí de la enfermedad, cuando la cruda realidad la situación, está entre azul y buenas noches, es decir, de la patada, muchos van, solo a calentar la banca.-

El adicto, nace y se hace en su hogar disfuncional

El adicto a las mentiras, la pereza, el engaño, a manipular, en fin, adicto a las conductas toxicas que no tienen fin y hacen tremendo daño, en mi caso, primero fue toxico, rebelde, irreverente, luego, adicto y la gama de adicciones, reflejo de las enfermedades emocionales, es muy amplia, adictos, al sexo, pornografía, masturbación, al juego, a las personas, violencia, depresión, alcohol, fármacos, video juegos, peyote, inhalantes, adictos a la violencia, a defraudar, corromper, a ser malos ciudadanos, hay pues un universo muy grande de adicciones a sustancias y conductas toxicas, por ello, la recuperación es muy complicada, pero no imposible y no hay que olvidar que un niño con antecedentes neuróticos, alcohólicos, nace predispuesto, no nacen un niño sano, se enferma y se contamina en su hogar disfuncional, la experiencia confirma, que el adicto, nace y se hace en su hogar y muchos padres, emocionalmente, empujamos a nuestros hijos al laberinto de las conductas toxicas y el consumo de sustancias.- El que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra.

Pan con lo mismo

Lo tradicional es que cuando la familia se harta de tener un drogadicto en casa, de vivir con la oveja negra,  la decisión es anexarlo por tres meses en un centro de rehabilitación, vacaciones para todos, mientras tanto, en ese lapso, la familia acude a juntas semanales de Familias Anónimas, Alanon o del mismo anexo para comprender un poco ms sobre la complejidad de la enfermedad, cuando el adicto concluye, regresa a la contaminación emocional, a repetir los viejos moldes y tarde que  temprano viene la recaída, primero en el aspecto emocional, luego con el consumo, de esta manera, se perdieron tres meses inútilmente, muchos anexos, son un rotundo fracaso, la terapia grupal e individual para el interno es muy pobre, no se les suministran herramientas para el desarrollo humano y salen con niveles de ansiedad muy altos y llenos de reservas, el recaído, recae, debido a que nunca se levantó, es víctima de su propia mediocridad, mientas que la familia, cada vez se enferma más y más, muchas, están más enfermas que el mismo adicto, lo que provoca, que este sea el cuento de nunca acabar.

Cortados con la mismas tijeras

                La gran mayoría de los anexos para adictos, se localizan en casas viejas, adaptadas con dormitorios, comedor y salas de juntas, espacios extremadamente reducidos, no existen en la mayoría, instalaciones deportivas, se carece de aires acondicionados y calefacciones.

 

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