El pacto social por una mejor vida

El pacto social por una mejor vida

Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com

En un artículo anterior escribí sobre la cultura norteamericana en torno a los abusos de la ley.  En esa oportunidad sostuve que “la justicia en Estados Unidos, tarde o temprano, termina con imponerse con quienes actúan en contra de las leyes”.  Algunos de mis paisanos bolivianos y compañeros/as de otros países, quienes quisieron comportarse como en sus países de origen, saben lo letal que es ir contra las normas.

La ley norteamericana no simplemente es implacable contra los ciudadanos comunes y corrientes, sino también con aquellos delincuentes poderosos de cuello blanco que, en algún momento, se sienten inmunes a la ley.

La capacidad económica de estas personas y, en algunos casos, el poder político que ostentan a través de sus relaciones personales o el hecho de tomar parte directa en el sistema político, les hace pensar que la ley es solamente para los pobres, para el trabajador de clase media-baja o para el “pendejo”.

Lucky Luciano, Al Capone, entre otros legendarios de la mafia New York y Chicago, respectivamente y, políticos conocidos como el ex presidente Richard Nixon y recientemente Donald Trump, nos prueba claramente que obedecer las leyes no es de “pendejos”, sino de ciudadanos decentes y del buen vivir.

Al final, las leyes que nos organiza a más de 330 millones de estadounidenses no provienen de la Tabla de Mandamientos de Moisés, o de una divinidad mitológica que se ha encarnado en nuestras costumbres; tampoco son el resultado de las palabras de amor y felicidad de Jesús de Nazareth o son el resultado de las leyes de la naturaleza.

Por el contrario, nuestras leyes –municipales, estatales, de los diversos distritos del país y las leyes federales— son el resultado de un “pacto social” de nuestros antecesores.

Los forjadores de la patria hicieron a un lado la violencia que caracterizó a la sociedad atrasada que nos precedió y a individuos que buscaron hacer uso de la justicia por sus propios medios.

Ellos supieron que impunidad es hija del abuso de poder; por eso crearon un aparato policial para reprimirla.  Luego establecieron los órganos judiciales para que el ciudadano pueda encontrar una institución objetiva, a través de la cual no solamente pueda encontrar un espacio para el juzgamiento de su conducta, sino para probar su inocencia.

Estas personas que formaron nuestro país creyeron firmemente en un sistema democrático, haciendo a un lado sistemas opresores autoritarios y anarquistas que distinguieron a sociedades atrasadas.

A nosotros nos corresponde emularlos.  Hagamos a un lado a quienes proponen poner al mando de nuestro gobierno a un delincuente que fue sancionado por un jurado plural, objetivo y justo.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.

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