El hubiera, no existe

El hubiera, no existe

Por Ernesto Salayandía García

Me caí hace dos años, volé y rebote en el suelo, fracturándome el fémur, con 25 sentimientos de lesión, en la misma pierna donde tengo una prótesis que me pusieron, hará cosa de 24 años, iba entrando a las instalaciones del CERESO FEMENIL de chihuahua, donde organice un festival de navidad el 18 de diciembre del 2018, de ahí, con un intenso dolor, llegue al IMSS Chihuahua y por la situación de mi prótesis me trasladaron a Torreón, después de un trámite, lento, duro, doloroso, me operaron dándome de alta, regrese a Chihuahua a mi casa, a los dos días ingrese al IMSS Chihuahua debido a una fuerte infección, me hicieron un lavado quirúrgico sin ningún resultado, la bacteria estaba más viva que un dolor de muelas, regrese a Torreón, después de 15 días me operaron, sin éxito, la bacteria y el dolor no desaparecieron, así pase medio año en hospitales y quirófanos, los medicamentos eran sumamente agresivos y muy caros, me inyectaban, mañana tarde y noche, nada, seguía igual, una tarde en la Clínica Morelos de Chihuahua, tuve una trombosis pulmonar, entre en coma por más de 15 días, de nuevo, muerto en vida, agradezco el trato humano y profesional que el personal del IMSS, Chihuahua y Torreón, generosamente me otorgaron, mi mujer, ha sido una bendición, ahí ha estado a mi lado todo este tiempo. Salí positivo al COVID, dos semanas pegado al oxígeno, hace tan solo tres meses.- Vivo, solo por la gracia de Dios y de muchas personas, como mis hijos.

Una recuperación muy lenta con resultados nulos
Tengo un corazón grande con arterias taponeadas, hace unos seis años me pusieron un catéter, ofrezco seria y severa dificultad para caminar, el dolor de mis piernas no cesa, durmiendo o caminando, ahí está latente como un volcán, sufre de diabetes, soy hipertenso, ahora, con agua en los pulmones, que cuando abuso de los líquidos, no puedo dormir, me quedo sin oxígeno, siento que me muero por falta de aire, tomo un mundo de pastillas, mi cuerpo está muy débil, no tengo calidad de vida, mis arterias de mis piernas están taponadas de nicotina y me genera una circulación nula, todo este cuadro, que hoy me roba salud, no son más que las consecuencias de los abusos en el consumo de sustancias, en las mal pasadas, las desveladas y toda esa vida ingobernable de un drogadicto como yo.

El que no sabe es como el que no ve.
Desde niño tuve la compulsión por la cerveza, empecé a tomar, por supuesto a escondidas de mis padres, desde los 12 años de edad y recuerdo que mis primeras borracheras fueron entre los 14 y los 15 años de edad, también que vomite y que me puse muy mal, claro que yo desconocía todo sobre mi enfermedad, ligado a mi manera de beber, comencé a fumar como desesperado, o sea adquirir, 2 adicciones muy fuertes que estuvieron en mi durante más de 30 años de mi vida y yo me resistía aceptar que tenía un serio problema por mi manera de beber, no daba crédito que el alcohol era el causante de infinidad de problemas, estuve en la negación rotonda todo ese tiempo. No me daba cuenta de que manera perdía el sano juicio, comenzábamos a tomar en grupo, en la casa de un amigo y al poco rato yo ya estaba borracho, ya vivía y se siento, aunque tenía una tomada tranquila no era mala copa, si me metí en problemas por discusiones, cosas relacionadas con el alcoholismo, en mi casa jamás se percataron que yo tuviera una tendencia alcohólica, que estuviera entrando a un pantano de arenas movedizas, incluso el alcohol siempre estuvo presente en todos los eventos familiares y sociales en mi hogar.

Resbalón tras resbalón avisas de caídas son.
A los 17 años, fui director de El Heraldo de Toluca, por 7 años, yo ya me sentía una persona muy grande de edad y me la pasaba en cantinas y en restaurantes, poniéndome hasta las chanclas comenzábamos a jugar dominó y terminamos hasta las 10 o 11 o 12 de la noche, yo completamente ahogado como araña fumigada, por supuesto que el día siguiente no me levantaba, mi cuerpo se quedaba sin energía, así registre fallas garrafales en mi actividad laboral, pero no podía parar, era una tras de otra, así juraba y juraba que no volveré a tomar bastaba con que me sentara en la cantina en la mesa del restaurante y que mesero me dijera lo de siempre don Ernesto y yo débilmente accediera con una sonrisa y moviendo la cabeza afirmando que me sirviera lo de siempre, que era tequila doble en copa coñaquera, con una coronita para que amarre. Dios me cuido todo el tiempo.- La verdad, que nunca tuve un accidente fatal ni una consecuencia grave pero noche tras noche corría yo altas velocidades por la carretera México – Toluca, el periférico y viaducto o las grandes avenidas de la Ciudad de México tenía un alto sentido de irresponsabilidad, nunca medí el peligro ni el riesgo que corría por mi condición de borracho, ni el peligro en que ponía a conductores inocentes. ernestosalayandia @gmail.com

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