Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
A lo largo del territorio del ex Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés), las batallas de los aranceles se intensifican y los muros antiinmigrantes renacen en la mente senil del presidente estadounidense. Sin embargo, algo paradójico está sucediendo en las fronteras que unen a los países que firmaron este acuerdo económico.
Una gran parte de las poblaciones en Estados Unidos, Canadá y México están prestos a abandonar el desasosiego que ha creado el trumpismo y han decidido abrir sus casas a los partidos de la Copa de Campeones de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf).
El día martes se enfrentaron el equipo de F.C. Cincinnati de Ohio con los Tigres de Monterrey. En esta riña deportiva, misma que se jugó en el estadio de Ohio, no se tocó ningún tema divisivo o discriminador que empañe la fiesta deportiva. Todo fue diversión, a pesar que la hinchada de Cincinnati se fue con el sabor amargo de empatar un partido que deberían haber ganado.
La próxima semana, estos dos equipos se volverán a encontrar con la ilusión de pasar a la siguiente ronda, llegar a las semifinales o pasar a la final de este certamen deportivo regional.
Al final de los partidos, los momentos ingratos son breves y las expectativas de felicidad se incrementan a medida que el equipo preferido pasa a la siguiente ronda.
Por su parte, el Cruz Azul de México y el Sounders de Seattle se enfrentarán mañana en un partido de ida, como también lo harán el Herediano de Costa Rica contra el LA Galaxy de California.
En las graderías de estos dos partidos no veremos a ningún agente migratorio, no están invitados los partidarios de MAGA o los radicales de la extrema izquierda, cuyos patrones de conducta producen gobiernos autoritarios y totalitarios.
Al igual que el enlace de Tigres-Cincinnati, estos dos partidos también tendrán un encuentro de vuelta, donde seguramente primará la pasión, la alegría y un tanto de dolor a en los simpatizantes del equipo que pierde.
¿Por qué los políticos no aprenden del fútbol? ¿Por qué la política tiene que ser un tema de agresiones, mentiras y vejaciones?
Si los políticos de hoy funcionaran con lealtad a las mayorías y no para incrementar los capitales de unos cuantos multimillonarios, qué diferente sería nuestro mundo.
Al igual que en el futbol, en el mundo habría adversarios, pero no tendríamos enemigos acérrimos, con algunos de los cuales ni siquiera tenemos vínculos comunicativos. La política tiene mucho que aprender del fútbol.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
