Por Mel Gurtov
Detrás del aumento de los conflictos internacionales y el declive de los esfuerzos por la paz se encuentran las armas y el dinero que las financia. Estas alimentan las guerras civiles, las guerras por elección y otras formas de conflicto. El mundo está inundado de armas y Estados Unidos, como siempre, encabeza la tendencia. Las cifras más recientes provienen del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI.org), en Suecia, la fuente principal de datos sobre gasto militar y comercio de armas. A continuación, presento algunos hallazgos sobre la situación mundial del armamento, junto con mi análisis de sus implicaciones más amplias.
Transferencias de armas y gasto militar
En 2025, Estados Unidos fue, con gran diferencia, el principal exportador de armas, acaparando el 42 por ciento del total mundial. Le sigue Francia con un 10 por ciento; después, Israel con un 7,8 por ciento, Corea del Sur con un 6 por ciento, Rusia con un 5,8 por ciento, Italia con un 5,7 por ciento, Alemania con un 5,1 por ciento y China con un 2,6 por ciento. El valor total de las exportaciones de armas estadounidenses —casi 14.000 millones de dólares— equivale aproximadamente a la suma del valor de las exportaciones de los siete países siguientes. ¿A dónde van estas armas? Principalmente a Oriente Medio —por ejemplo, Arabia Saudita recibió el 20 por ciento de las armas estadounidenses— y a los países de la OTAN, empezando por Polonia. Otros ejemplos de los principales compradores de armas son: el 19 por ciento de las armas francesas se destinó a Egipto; el 62 por ciento de las rusas, a la India; el 48 por ciento de las italianas, a Indonesia; el 28 por ciento de las alemanas, a Ucrania; y el 51 por ciento de las chinas, a Pakistán.
El SIPRI informa que el gasto militar mundial alcanzó los 2,887 billones de dólares en 2025, marcando el undécimo año consecutivo de aumento y un incremento del 2,9 por ciento en términos reales con respecto a 2024. Los 15 países con mayor gasto representaron el 80 por ciento del gasto militar mundial en 2025. Tan solo los cinco primeros —Estados Unidos, China, Rusia, Alemania e India— concentraron el 58 por ciento del total global. Estados Unidos lideró la lista con el 33 por ciento del total mundial.
Las cifras de gasto militar pueden resultar engañosas. Por lo general, estas cifras se sitúan muy por debajo del gasto militar real. Dependiendo del país, el «gasto militar» puede no incluir las partidas destinadas a armas nucleares (por ejemplo, en EE. UU. estos gastos dependen del Departamento de Energía), la investigación y el desarrollo de armamento, ciertos tipos de asistencia militar, los asuntos de veteranos y los intereses de la deuda nacional generada por el gasto bélico o de rearme.
Las cifras relativas a China resultan interesantes. El gasto militar de EE. UU. fue 2,8 veces superior al de China. Sin embargo, China está aumentando rápidamente su gasto militar; este creció más de un 7 por ciento en 2025, lo que impulsó a otros países de Asia a incrementar también sus propios gastos militares. Además, este aumento del gasto chino se produjo a pesar de las purgas internas en el Ejército Popular de Liberación.
En resumen: todo el mundo está gastando más en armamento, ya sea para prepararse ante un conflicto o para ayudar a otros a prepararse para un conflicto violento.
La carga militar mundial —es decir, el gasto militar como porcentaje del PIB— aumentó hasta el 2,5 por ciento en 2025. Según informa el SIPRI: «En promedio, los Estados de Oriente Medio soportaron la mayor carga militar en 2025, con un 3,8 por ciento del PIB, seguidos por los Estados de Europa (3,2 por ciento), África (1,8 por ciento), Asia y Oceanía (1,6 por ciento) y las Américas (1,2 por ciento)».
Algunas implicaciones
En primer lugar, EE. UU. sigue siendo, con diferencia, la principal potencia militar en el ámbito internacional. Su gasto militar y sus exportaciones de armas continúan en niveles muy elevados, impulsados cada vez más por las actividades de China, pero también por las guerras en Ucrania e Irán. El poder político de MAGIC —el complejo militar-académico-gubernamental-industrial— constituye un factor constante, especialmente en el actual clima de «cuasi Guerra Fría». La convergencia de intereses entre el Pentágono, los centros de estudios sobre seguridad nacional, los comités y grupos asesores pertinentes del Congreso y los fabricantes de armas garantiza que el debate sobre el armamento derive siempre en elevados presupuestos militares y ventas de armas, independientemente de si se vive en tiempos de paz o de guerra. El elevado gasto militar es una de las pocas cuestiones que unen a republicanos y demócratas, como demuestra el consenso bipartidista alcanzado en 2026 para aprobar un presupuesto militar superior al billón de dólares.
En segundo lugar, la venta y transferencia de armas estadounidenses a Oriente Medio, el suministro de armamento ruso y chino a rivales en el subcontinente indio y las exportaciones de diversos proveedores a países bajo regímenes autoritarios: todo ello aviva la violencia al tiempo que genera beneficios.
En tercer lugar, aunque algunos líderes políticos estadounidenses todavía se refieren al país como el “arsenal de la democracia”, la realidad es que somos un arsenal, y punto, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Con más armas en manos de los estadounidenses que habitantes (aproximadamente 400 millones en propiedad privada, de las cuales 11 millones se fabricaron tan solo en 2020); con tiroteos masivos que se cobran vidas cada año —muchas más que en cualquier otro país—; y con ataques letales en escuelas que los políticos no pueden o no quieren detener, somos un país fuera de control. La demanda de armas se ha disparado desde la era de Trump y los beneficios de los fabricantes de armas han alcanzado máximos históricos. Los paralelismos entre la política armamentística de EE. UU. en el extranjero y su vertiente interna son innegables: la poderosa influencia combinada del apoyo del Congreso a un mercado de armas sin regulación, la sumisión de los políticos de derecha a la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y a otros grupos de presión a favor de las armas, y la impunidad de los fabricantes cuando se producen tiroteos masivos.
afrontar estos hechos debería servirnos a todos de llamada de atención. Una mayor espiral de violencia solo podrá revertirse gracias a una ciudadanía informada y movilizada.
Mel Gurtov, columnista distribuido por PeaceVoice, es profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Portland.
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The Arsenal
Behind the rise in international conflict and the decline of peacemaking efforts lie weapons and the money that finances them. They provide the fuel for civil wars, wars of choice, and other forms of conflict. The world is awash with weapons, and the United States as always is leading the way. The latest figures are supplied by the Stockholm Peace Research Institute (SIPRI.org) in Sweden, the leading source for data on military spending and the arms trade. Here are some findings on the global arms situation along with my assessment of its larger implications.
Arms Transfers and Military Spending
In 2025, the US was by far the leading arms exporter at 42 percent of the world total. France is next at 10 percent, followed by Israel at 7.8 percent, South Korea at 6 percent, Russia at 5.8 percent, Italy at 5.7 percent, Germany at 5.1 percent, and China at 2.6 percent. The total value of US arms exports, nearly $14 billion, approximately equals the combined value for those next seven countries. Where are the weapons going? Mainly to the Middle East—for example, Saudi Arabia received 20 percent of US arms—and to NATO countries, starting with Poland. Other examples of top arms customers: 19 percent of French arms were sent to Egypt, 62 percent of Russian arms to India, 48 percent of Italian arms to Indonesia, 28 percent of German arms to Ukraine, and 51 percent of Chinese arms to Pakistan,
SIPRI reports that global military spending reached $2.887 trillion in 2025, the 11th consecutive year of a rise, and an increase of 2.9 percent in real terms over 2024. The top 15 spenders accounted for 80 percent of world military spending in 2025. The top five alone—the US, China, Russia, Germany and India—accounted for 58 percent of the global total. The United States led the way with 33 percent of the world total.
Military spending figures can be tricky. They typically are well below actual spending on the military. Depending on the country, “military spending” might not include expenditures for nuclear weapons (e.g., in the US, those expenses come under the Department of Energy), weapons research and development, certain types of arms assistance, veterans’ affairs, and interest on the national debt because of wartime/armament spending.
The figures concerning China are interesting. US military spending was 2.8 times China’s. But China is rapidly increasing military spending; it rose over 7 percent in 2025, driving increased military spending by others around Asia. And China’s increased spending occurred despite purges in the People’s Liberation Army.
Bottom line: Everyone is spending more on arms either in preparation for conflict or to help others prepare for violent conflict.
The global military burden—that is, military spending as a percentage of GDP—rose to 2.5 percent in 2025. “On average,” SIPRI reports, “states in the Middle East had the highest military burden in 2025, at 3.8 per cent of GDP, followed by states in Europe (3.2 per cent), Africa (1.8 per cent), Asia and Oceania (1.6 per cent) and the Americas (1.2 per cent).”
Some Implications
First, the US remains by far the principal military power in world affairs. Its military spending and exports continue to be very high, increasingly driven by China’s activities but also by wars in Ukraine and Iran. The political power of MAGIC–the military-academic-governmental-industrial-complex–is a constant factor, particularly in today’s quasi-Cold War environment. The intersecting interests of the Pentagon, national security think tanks, relevant congressional committees and advisory groups, and the arms makers ensure that debate over weapons will always result in high military budgets and arms sales, no matter whether in peacetime or wartime. High military spending is one of the few issues that bring Republicans and Democrats together, as witness the bipartisan consensus in 2026 on a military budget in excess of $1 trillion.
Second, US arms sale and transfers to the Middle East, Russian and Chinese arms to rivals in the Indian subcontinent, and various arms suppliers that export to countries under authoritarian rule—all these stoke violence while promoting profits.
Third, while some US political leaders still refer to the country as the arsenal of democracy, the reality is that we’re an arsenal, period, at home as much as abroad. With more guns in Americans’ hands than there are people (roughly 400 million privately owned, with 11 million manufactured in 2020 alone); with mass shootings taking more lives every year, far more than in any other country); and with murderous attacks on schools that politicians can’t or won’t stop, we are a country out of control. Demand for guns has surged since the Trump years, and gun manufacturers’ profits are at an all-time high. The parallels between US arms policy abroad and its domestic counterpart are inescapable: the powerful combined influence of Congressional support for an unregulated gun market, the obeisance of right-wing politicians to the National Rifle Association and other pro-gun lobbyists, and the impunity of gun manufacturers when mass shootings occur.
Facing these facts should be a sobering call to all. A further descent into to violence can only be reversed by an informed and aroused people.
Mel Gurtov, syndicated by PeaceVoice, is Professor Emeritus of Political Science at Portland State University.
