Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
El 6 de agosto, los bolivianos celebraron otro día de independencia. Bolivia nació dividida físicamente por la cordillera de Los Andes, cuya parte oriental fraccionó a los bolivianos entre cambas (poblaciones de los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando), collas (poblaciones de La Paz, Oruro, Potosí) y otras regiones que se han mantenido cierta autonomía (poblaciones de Cochabamba, Tarija y Chuquisaca) en una historia plagada de conflictos políticos.
Meses antes y durante algunos años después de su independencia, Bolivia se constituyó como el prototipo de la lucha de dos facciones de poder.
Por un lado, el ala representada por el Mariscal Andrés de Santa Cruz, héroe militar de la independencia, que no solo se impregnó de sangre en los campos de batalla para alcanzar los objetivos de la revolución, sino que, una vez estando en el gobierno en 1829, buscó afanosamente la estabilidad del Estado.
Por otro lado, un grupo de mayorías criollas, liderados por Casimiro Olañeta, perteneciente a los sectores más conservadores de Bolivia. Antes de la independencia, Olañeta y sus seguidores tomaron parte activa como emisarios de la Corona española para sofocar los primeros movimientos independistas.
Una vez que el ejército realista empezó a debilitarse por los estragos que causaba el ejército patriota en Ecuador y Perú, Olañeta y sus correligionarios gradualmente se separaron de las filas realistas.
Ya consumada la independencia boliviana, inmediatamente cambiaron de bando, uniéndose a los patriotas por la misma necesidad de mantener una posición de poder dentro de la nueva república y poder redactar la nueva constitución del Estado emergente.
Así, con la independencia, Bolivia nació prácticamente con dos constituciones –la de 1826 y la de 1831—, las cuales expresaron conspicuamente la pugna de estas dos facciones políticas.
Hoy, esa división ancestral de los bolivianos ha repercutido en otras áreas de la sociedad, en las instituciones políticas del Estado, como también en las organizaciones civiles, sociales y políticas.
Hace unas décadas atrás, Bolivia se había distinguido por tener una de las organizaciones sindicales más poderosas de América Latina. Hoy los grupos de trabajadores, que se congregan en los sindicatos, están divididos. Los sectores indígenas, quienes junto con los sindicatos posibilitaron una era de cambio importantes durante el régimen de Evo Morales, hoy también están divididos entre los que apoyan al presidente Luis Arce y a Evo Morales. El MAS, como los demás partidos políticos, también están divididos.
A pesar de todo este panorama de división, los bolivianos exigen y promueven unas elecciones primarias. Estas elecciones son necesarias para hacer a un lado las divisiones que afectan al interior de los partidos políticos y de la sociedad.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
