Humberto Caspa, Ph.D. – hcletters@yahoo.com
El Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia se ha pronunciado y ha confirmado que un presidente solo puede mantenerse en el poder por un lapso de 10 años; es decir dos gestiones continuas o discontinuas. Con este fallo ha ahondado las intenciones de Evo Morales de volver al Palacio de Gobierno en las elecciones de 2025. ¿Ahora qué va a suceder en la tierra de Tupac Katari y la diosa Pachamama?
Para lo peor, el panorama del Movimiento Al Socialismo (MAS) es más incierto todavía. Ya no tendrá a su figura emblemática batallando en la política y el actual presidente Luis Arce Catacora, quién todavía no se ha postulado para mantenerse en el gobierno, sufre de una de las crisis económicas más pronunciadas de los últimos años.
Mientras tanto, apenas acaba de disiparse un bloque de carreteras causadas por partidarios del “evismo”, la falta de gasolina y diésel está dejando a los bolivianos virtualmente inmovilizados, existe un problema serio de divisas extranjeras, especialmente del dólar, el cual ha contribuido a la inflación.
Cada día los productos de la canasta familiar son más caros; incluso, el pan de batalla (la famosa marraqueta), cuya harina es subsidiada por el Estado, ya no se encuentra en los mercados.
No solamente esas fisuras políticas han afectado al MAS, sino también la oposición ha tenido problemas internos debido a que sus líderes, especialmente el ex presidente Carlos Mesa, ha tenido que optar por pactos políticos con otros frentes, creando fracturas al interior de su partido.
Así, los “caciques políticos” de siempre se han debilitado. Lo más lamentable en Bolivia es que no se vislumbra a un candidato joven, con aspiraciones patrióticas, dotado de inteligencia académica y virtudes de buen gobernante, que le permita sacar a la población y a la sociedad del atolladero en que se encuentra.
Empero, quien quiere que llegue al gobierno en 2025 deberá hacer a un lado las prerrogativas populistas que solo desmantelan a la democracia y a las instituciones del Estado.
Es necesario que el nuevo presidente deje a un lado esa retórica “anti neoliberal” de la izquierda que solo sirve para condenar al libre mercado y a la globalización y no ve los beneficios que puedan resultar al operar con otros países que practican esta doctrina económica.
El nuevo presidente tampoco debe hacer caso a las fuentes ideológicas de la extrema derecha, quienes irrumpen en el teatro político y señalan con el dedo a cualquier indicio del empoderamiento del Estado como “comunistas” y “socialistas”.
Bolivia necesita una nueva cara, un nuevo líder que sepa mostrar su rostro aymara-camba-quechua antes su sociedad y el mundo.
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move.
