¡Adónde quedaron las Promesas de López Obrador!

¡Adónde quedaron las Promesas de López Obrador!

Por Ana María Ugalde-Montes de Oca – anamaria@eldianewschicago.com

Berwyn, Illinois (NED).– A dónde quedaron las promesas del candidato Andrés Manuel López Obrador, quien clamaba justicia para los más vulnerables, para todos aquellos que tenían que dejar su pueblo para buscar el progreso económica que los políticos, los rancheros o ricos (fifís) no solo les negaban, sino que los exprimían y les robaban sus tierras, cosechas, sus despojos salariales o bien el abuso de pago a su trabajo. Todo quedó en el olvido.

Los hombres y mujeres que tuvieron que salir de su patria mexicana para venir a buscar un pago que ayudara a salir adelante a trabajadores y sus familias. La gran mayoría lo logró y gracias a ello, sus familias, los pueblos y el país mexicano reciben grandes remesas. Remesas que se han convertido en un importante estímulo económico que no solo da ayuda a sus familias mexicanas sino también contribuye enormemente al desarrollo económico de la nación.

Realmente lo que estamos observando desde las tribunas, no tiene nada que ver con lo que los seguidores de López Obrador esperaban de él. Por el contrario, López Obrador está demostrando que los mexicanos y los migrantes no encajan en sus ideales de llevar al país a un camino incierto con alucinaciones (ojalá y solo sea eso) de un destino a la pobreza extrema, al comunismo y la necedad de un hombre lleno de complejos y gran necesidad de venganza.

Recientemente Los Angeles Times publicó en sus sección de español, una nota editorial realizada por Jorge Santibañnez, misma que publicamos en su totalidad en esta edición de EL DIA Newspaper,  por parecernos de gran interés para todos los mexicanos y mexicoamericanos de Illinois:  Muchos pensamos que Andrés Manuel López Obrador sería especialmente sensible al tema migratorio. No solo porque lo prometió en campaña sino porque la migración es una de las expresiones más directas y claras de los procesos sociales que él combate o dice combatir tales como la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades o la corrupción.

Si bien es cierto que es indiscutible que los migrantes triunfan en las sociedades de llegada y no quieren ser vistos como víctimas, no es menos cierto que los factores mencionados son las causas por las cuales se decide cambiar de país de residencia.

El mismo día que tomó posesión como presidente de México y justo antes de someterse a un ritual indígena en el zócalo de la Ciudad de México, casi como primer acto formal siendo presidente, AMLO suscribió con varios presidentes de países centroamericanos un acuerdo para combatir de fondo las causas que originan la migración, creando oportunidades de desarrollo en esos países para que sus habitantes no tengan que abandonar sus lugares de origen.

La lógica, comparable a la de cualquier participante en un concurso de belleza, era que las personas tuvieran trabajo, oportunidades de desarrollo y fueran felices en sus países y no tuvieran que ir a otros. Sin decir cómo lograrlo, el simplismo desató qué a coro, algunos académicos y activistas que hasta ese entonces se habían distinguido por su compromiso con la causa migratoria, hablaran de un “giro trascendental” y un nuevo paradigma para enfrentar la migración. Poco tiempo después, la “idea” se presentó en un foro internacional en Marruecos y generó la felicitación y el apoyo de muchos países. Claro, era buena idea y además no comprometía a nada a ninguno de esos países.

Poco tiempo después se empezó a hablar de los “cómo” y éstos resultaron aún más ingenuos y vagos que la idea misma. Estados Unidos aportaría recursos para que la región sur de México y Centroamérica se desarrollaran. Se dijo que aportarían 5 mil millones de dólares. ¿Cómo? El mismo presidente estadounidense que peleaba 2 mil millones de dólares para construir un muro en la frontera con México estaría dispuesto a aportar 5 mil a Centroamérica.

Veinte meses después, no se ha hecho nada, no solamente no se cumplieron las promesas, sino que se traicionaron. Nadie ha aportado un centavo para la gran idea y apenas esta semana la cancillería mexicana canceló el fondo en donde había algunos recursos para desarrollar programas sociales en Centroamérica, sin que ninguno de los países involucrados haya recibido un peso y en alguna de sus conferencias mañaneras recientes, el presidente mexicano reconoció que Estados Unidos no había aportado un solo dólar y no había cumplido su “compromiso”.

Pero la traición más grave se dio cuando después de abrir la puerta a los migrantes centroamericanos, por instrucciones de Estados Unidos, en junio de 2019, se dispuso de la Guardia Nacional mexicana para detener a esos mismos migrantes a quienes se había invitado.

Los migrantes mexicanos también tienen razones más que suficientes para sentirse traicionados. En campaña, AMLO prometió apoyarlos y convertir cada consulado en Estados Unidos en oficinas de protección de los migrantes. En realidad, no se ha hecho nada nuevo, los consulados siguen apoyando como siempre a sus comunidades y al contrario se han reducido los recursos para esos propósitos.

Eso sí, las remesas se siguen festejando como si se derivaran de las acciones gubernamentales y en su más reciente visita a Washington, sin reunirse con ellos, AMLO reconoció las aportaciones de los mexicanos en Estados Unidos y agradeció que el presidente estadounidense los trate con “respeto”. Por reconocimientos, no paramos.

El tema rebasa por mucho las promesas de campaña no cumplidas o peor aún traicionadas. Después de la crisis sanitaria y económica, uno de los escenarios más probables es que la migración de mexicanos hacia Estados Unidos y de Centroamericanos a México y a EE.UU se incremente considerablemente. Por una razón muy sencilla. Las causas que originan la migración se harán aún más presentes en ambas sociedades.

En Estados Unidos, los inmigrantes mexicanos que están recibiendo menos apoyos que el resto de la población, enfrentarán mayores dificultades para desarrollarse y tener acceso a servicios de salud y si bien es cierto que su presencia será más necesaria, ésta se dará en condiciones más desfavorables.

México no está preparado y no se está preparando para las nuevas dimensiones que muy probablemente tendrá el proceso migratorio de la región y las preguntas de cómo gestionar los flujos migratorios hacia Estados Unidos o cómo ayudar a los mexicanos en ese país no forman parte de las preocupaciones del presidente mexicano.

Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute

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